Que en el Partido Popular la corrupción se observa como algo que no va con sus representantes, es una afirmación que cada día que pasa se confirma más. En las últimas horas se ha sabido que el ministro de Sanidad en funciones, Alfonso Alonso, y el vicesecretario sectorial de la formación, Javier Maroto, han sido condenados por el Tribunal de Cuentas. En total deben abonar casi 400.000 euros por la firma de un alquiler gravoso cuando formaban parte del Gobierno municipal de Vitoria.
El asunto, que ya han anunciado que recurrirán, a priori no es menor, ni mucho menos. Sin embargo, una vez más, desde Génova tratan de utilizar este tipo de asuntos para distinguir entre unos casos de corrupción y otros. El que ha opinado ha sido el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maillo, quien, además, busca su posicionamiento en el partido ante las elecciones de junio.
De manera sorprendente, Martínez-Maillo, que hace las veces de portavoz desde que Mariano Rajoy degradó sotto voce a María Dolores de Cospedal, ha asegurado este sabádo que es preciso distinguir entre lo que es un caso administrativo y no penal.
 
En concreto, según sus palabras, el dictamen del órgano fiscalizador "no es una resolución judicial como tal". Antes al contrario, la ha circunscrito al ámbito "estrictamente administrativo", como si esta jurisdicción no fuera también importante.
"Todo el apoyo del partido"
Pero ha dicho más. Ha brindado "todo el apoyo" del partido a ambos porque, ha insistido, se trata de una cuestión administrativa y "no estamos hablando de corrupción ni de nada de eso". Ante la insistencia de los periodistas, ha instado a que "se trate de distinguir lo que es distinto", frente a la "vorágine" en la que se intenta hacer pasar esa resolución "por lo que no es".
 
El problema para Martínez-Maillo es que los casos de corrupción se acumulan en su formación. Por eso, tras descartar lo de Maroto y Alonso, ha tenido que hacer frente a la petición de la Fiscalía Anticorrupción de once años de cárcel para el expresidente de las Cortes Valencianas, Juan Cotino. Como este sí es un asunto penal, no ha podido irse por los Cerros de Úbeda, aunque ha asumido la responsabilidad a su manera, es decir, asegurando que muestra "respeto" por la labor de la Justicia
"Actividades privadas"
En el asunto en el que está implicada la ex diputada del PP Ana Torme y su denuncia contra el histórico Martínez-Pujalte, el vicesecretario de Organización ha vuelto a recurrir a otra de las técnicas preferidas por los 'populares' para echar balones fuera: es un tema circunscrito al ámbito de las "actividades privadas" de ambos parlamentarios.
  
Fernando Martínez-Maillo, quien se ha visto salpicado también por supuesta administración desleal en la gestión de Caja España por la que fue imputado como miembro del Consejo de Administración, es una de las nuevas caras del PP, después de que hace un año aproximadamente, Rajoy introdujera cambios en la dirección. Los malos resultados del 20D unido a la situación de Cospedal que, como informó ELPLURAL.COM en su momento, busca su 'regreso' a Castilla-La Mancha, han aupado a quien ha tenido mando en plaza sólo en Zamora, pero con incursiones en la Federación Española de Municipios y Provincias. 
Estrategia conocida
A pesar de que muchos puedan observar en él a una nueva cara, algo que en el seno del partido no todo el mundo comparte, lo cierto es que su estrategia es bien conocida porque, al fin y al cabo, es de la que se viene sirviendo el PP en los últimos años de corruptelas, imputaciones y, en algunos supuestos, ingresos en prisión. 
La distinción entre un tipo de corrupción y otro también la elevan a categoría de guerra política según que el condenado sea propio o ajeno, es decir, del PP o de cualquier otro partido. Sin embargo, aunque sus intentos por desviar la atención son loables desde la perspectiva partidista, antes que él otros ya lo intentaron sin éxito. El ejemplo más evidente es el de Esperanza Aguirre que una de sus entrevistas más sonadas con Jordi Évole llegó a distinguir entre dos tipos de corrupción, la de verdad -aquellos que meten la mano- y la light -relacionada con la financiación irregular de los partidos-. 
Martínez-Maillo recurre a la misma estrategia que en unos días tendrá que renovar puesto que se le viene encima la apertura de parte del sumario de la Púnica