Cayó por fin, ante la Justicia, uno de los mayordomos de doña Esperanza Aguirre, llamado Ignacio González. Allá por donde ha ido pasando la lideresa, las bocanadas de la corrupción se han multiplicado, y a toda velocidad, en la Comunidad de Madrid y en la capital del Reino.

Inició la señora Aguirre sus múltiples andanzas, después de que le llegara el gran regalo: el tamayazo. Fichó doña Espe entonces a Francisco Granados, un desconocido que, mira por dónde, presidió la comisión de investigación del tamayazo.

Una monumental tomadura de pelo. Y el golpe contra la democracia fue fundamentalmente agua de mayo para la señora Aguirre, convertida en candidata in péctore para presidir el PP de Don Mariano Rajoy. Perdió la partida de la calle Génova, tanto Aguirre como su séquito de gentes, muchos nacidos para esconderse en la cueva de los ladrones.

Esperanza Aguirre ha dicho siempre, sin vacilar un milímetro, que ella nunca ha robado un solo euro. Puede ciertamente ser verdad lo que señala ella, una y otra vez. Pero no olvidemos: “Dime con quién andas y te diré quién eres”

Tanto Francisco Granados como el ex presidente de Madrid Ignacio González parece que se lo han llevado crudo, todo o casi todo

En el listado de muchos tipos y de algunas tipas, todos volcados en hacerle la ola a esta aristócrata más bien de segunda división, han comenzado a estallar muchos millones de euros. Pasad, pasad, les dice Esperanza a Arturo Fernández, hundido, tras haber intentado llevárselo todo de sus buenísimas relaciones con el poder político. El cuñado del citado Fernández fue Díaz Ferrán, que incluso logró que le echaran de la CEOE.

¿Y qué decir de cuando Arturo Fernández, hablando cuando todavía era presidente de la CEOE –con su cuñado y ambos furiosos- dijeron que las empresas públicas deberían desaparecer? Díaz Ferrán soltó, además ante sus colegas, que la mejor era Esperanza Aguirre, una neoliberal sin piedad al menos. ¡Esperanza Aguirre es cojonuda!

Tanto Francisco Granados como el ex presidente de Madrid Ignacio González parece que se lo han llevado crudo, todo o casi todo. El caso del ático millonario de González viene de muy lejos.

Otro favorito de Aguirre es el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, segundo del fallecido Gil y Gil, menudo sinvergüenza. Cerezo es otro similar, aunque silencioso. El mundo del cine le hizo a Cerezo conquistar paletadas de dinero, vía TeleMadrid y con los guiños debidos hacia Aguirre. Demasiados amigos tiene o tuvo la señora Esperanza. “¡Qué tiempos aquellos, cuando ninguno había pisado aún la cárcel!”

Todos salieron contentos. Algún día habrá que informar a fondo de los juguetes de la lideresa. Y cómo fluían entre sus manos los periodistas bien tratados. Entre los cuales, se encontraban Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez.