En las horas precedentes, y visto en la mañana del martes que hasta Umberto Bossi, líder de la Liga Norte y su aliado capital, le recomendaba tirar la toalla, “Il Cavaliere” hizo saber que anotaría los nombres de los “traidores” en la votación, lo que se le vio hacer en un memorable plano de TV.

Llegada su hora, fracasa en la liturgia del desinterés al servicio de su país. El debió ponerse a disposición de la mejor fórmula de ejecutivo que permitiera el parlamento… en vez de sugerir elecciones en febrero, una fecha que es todo menos inocente: le permite – siendo aforado – evitar ciertas iniciativas judiciales que prescriben en enero (el caso Mills).

Las cifras del desastre
De hecho, ni siquiera ha dimitido formalmente, sino que ha prometido que lo haría en cuanto el parlamento apruebe las reformas pedidas, impuestas más bien, por Bruselas y el Fondo Monetario Internacional. El podría haber sugerido la solución de un gobierno temporal de corte técnico para asumir y ejecutar tales reformas y el lunes sonaron un par de nombres –Mario Monti y Enrico Letta, acreditados administradores ambos – pero no. El tenía que marcar la pauta, enredar un poco más.

Las fechas son cruciales en esta situación (como saben en Atenas, donde el gobierno provisional de unidad está siendo puesto a punto en dos/tres días) y la UE observa con preocupación la poca diligencia de Roma en acomodarse a la situación vigente, traducida en un par de cifras: Italia debe 1,8 billones de euros y deberá colocar en los próximos seis meses bonos por valor de 173.000 millones para ir pagando sus intereses.

El escenario político
Detrás de estos hecho, conocidos y previsibles desde que la votación sobre el balance de 2010 se transformó de hecho en una comprobación de mayorías, hay más, mucho más: esto, si no estuviera Berlusconi por medio, podría ser descrito como el fin de una época. Con él a bordo y cierto tiempo a su disposición, cualquier hipótesis es superflua.

De hecho, hubo dudas antes de saber – o entender que puede darse por seguro – que él no se presentará en las llamadas “elecciones políticas” adelantadas a febrero. Se lo dijo al director del diario “La Stampa” y en ese modesto registro, el de una pretendida declaración a un periodista, estamos. El escenario político se resiente de esta calculada e indigna conducta. Entre tanto los mercados apuestan claramente por su cese.

Un fenómeno distinto
El electorado italiano ¿pasará factura a Berlusconi por lo que le ha hecho en sus tres gobiernos con casi diez años de gestión a la espalda? (es el directo responsable de que Italia se asome al abismo de la bancarrota) Pero nada es menos seguro porque, como han señalado muchos observadores perspicaces, hay un “fenómeno Berlusconi” que se relaciona más bien con el sustrato general de la clase media italiana, que se ha encontrado muy bien con Il Cavaliere.
Teatral, desenvuelto, festivo a menudo, él ha sabido generalizar una cierta tendencia a la comedia frívola. Hijo directo de la fase republicana que sobrevive como puede a los tiempos de la competencia Democracia Cristiana-Partido Comunista, que dominó el escenario más de treinta años, él supo sacar provecho de lo que era: el resultado inesperado de una mutación hecha sobre todo de ligereza y frivolidad.

Los deberes de la oposición
El campo berlusconiano (primero “Forza Italia” después “Casa de las Libertades” y ahora “Pueblo de la Libertad”) es un cóctel compuesto de lo que, con otro vocabulario, sería una federación de partidos, algunos minúsculos. No hay allí más ideología que una derecha acomodaticia a las circunstancias, que supo arreglarse con la “Liga Norte”, regional-popular-secesionista, porque lo demás, sencillamente, no pesaba nada.

El invento ha funcionado porque, en pleno clientelismo y populismo burgués y divertido, el PDL pudo dar más o menos a cada socio lo que necesitaba, incluido poder regional en un país fuertemente regionalizado. Y la oposición, entre tanto, no supo enmendar los errores de la alianza de centro-izquierda “El Olivo”, malamente cosida, ni su factor central, el Partido Democrático, encontrar un líder de peso.

Lo que queda del día
Así las cosas, y en medio de locos rumores con efectos muy negativos para la bolsa y la deuda soberana, el propio presidente de la República, Giorgio Napolitano, tuvo que dar a media tarde del miércoles un comunicado afirmando que él “no tiene la menor duda” de que, en efecto, el gobierno Berlusconi ha dimitido y tranquilizando al país. El nuevo ejecutivo será formado rápidamente y examinará las opciones disponibles: elecciones anticipadas o ejecutivo provisional alargado y de corte técnico.

Se adivina que Napolitano no aceptó el plan de hecho del infatigable Berlusconi: llegar como sea a febrero, hacer “su” calendario, no el del país… Tal cosa, razonablemente, no ocurrirá. Pero no será porque el bribón incorregible haya dado facilidades… El, sencillamente, se resiste a morir sin la debida reverencia, sin el espectáculo y la sonrisa teatral.

Elena Martí es periodista y analista política