Creo que lo más importante de lo ocurrido el pasado fin de semana en Málaga ha sido el recadito que Mariano Rajoy, llevado ya en volandas a La Moncloa con la crisis económica y social como principal aliada, dejó en plenos morros de José María Aznar que estuvo omnipresente en primera fila.

Estoy donde estoy
“Estoy aquí, dijo el gallego, porque vosotros habéis querido…” en recuerdo doloroso de lo ocurrido hace tres años en la ciudad de Valencia. Ahí, Aznar le propinó el más sonoro y estúpido bofetón que un sucesor puede recibir de su antecesor. Pero la cercanía del poder hace que el acaudalado señor de FAES quiera recordar que si Rajoy está donde está “es porque yo le puse…” En esas estábamos.

Alcaldesa capitalina in pectore
La cercanía del poder hace que el marido de Ana Botella, en plan alcaldesa capitalina “in péctore” siempre degustando la primera fila como antaño cuando era la primera dama entre los populares, se arrime a Rajoy porque al final es el que duerme en La Moncloa, el que corta el bacalao. Lo sabe perfectamente; él y sus principales deudos.

Hacer méritos
El matrimonio de marras, que deben echar de menos el pelotilleo obsceno de sus conmilitones, que recibían cuando eran todopoderosos, es muy consciente de que la primera noche que Rajoy duerma en palacio, gran parte de su auctoritas en el PP –que la tienen por mor del recuerdo- se volatizará como los malos desodorantes. De modo y manera que es mejor hacer méritos que quedarse a la intemperie.

Rajoy tiene el mando
Al fin y a la postre fue, en efecto, Aznar el que decidió que Rajoy superara a Rato, pero no es menos cierto que es Mariano quien ha dado el visto bueno para que Ana Botella se siente en la poltrona de Alberto Ruiz-Gallardón y el que puede decidir remover al ex de la multimillonaria fundación que preside.

De fervores y sinecuras
He seguido con toda atención la lealtad de la derecha a su antiguo caudillo. Y compruebo, como no puede ser de otra forma en la condición humana, que el fervorín de antaño decae porque lo que termina por imponerse es la capacidad de repartir sinecuras.

Líder venido a menos
Aznar, pese a su juventud, es el pasado que llevó por vez primera a la derecha al poder, pero también el que les devolvió al averno tras la nefasta gestión del 11-M. Era más buscado Ignacio López del Hierro, omnipresente marido de Cospedal, que el asesor de Murdoch, trabajo que compatibiliza con el de suegro de Alejandro Agag.

Arenas se oficializa como el mandarín
De todo lo anterior sabe bien Javier Arenas, el auténtico mandarín del cónclave popular. Los que conocemos bien el PP sabemos que la impronta del sevillano en el partido es total desde el 2008. La convención de Málaga no ha hecho otra cosa que oficializar su enorme poder. Y eso que Andalucía todavía no se le ha entregado, aunque la impresión general es que se rendirá en breve.

Graciano Palomo es periodista y escritor, director de FUNDALIA y editor de IBERCAMPUS