Ahora, al fin, una treintena de dirigentes socialistas han dado un paso adelante con el manifiesto Mucho PSOE por hacer. Los elementos esenciales de ese documento corresponden a lo que muchos veníamos solicitándole a los socialistas: autocrítica, democratización del funcionamiento de su partido, reconciliación con la mayoría social progresista, recuperación de un ideario, un programa y unas políticas inequívocamente socialdemócratas y visión europeísta y global.

Solo desde la mala fe puede reprochársele a estos socialistas el que quieran abrir las ventanas de su partido para que entre aire fresco, el que deseen que, antes de ponerse a hablar de nombres, los militantes de la principal fuerza de izquierdas de España debatan a fondo sobre ideas. Su propuesta, como han señalado en diversos medios de comunicación firmantes como Javier Rojo y Juan Fernando López Aguilar, es solo una, la primera, entre las muchas posibles (y deseables). Si otros dirigentes, militantes o sectores tienen reflexiones alternativas, lo que deberían hacer es proponerlas con la claridad y valentía de este manifiesto.

Respecto al momento de la difusión de este documento, solo cabe decir que llega un pelín tarde para aquellos progresistas independientes que hubiéramos querido escuchar estas cosas al poco del 20-N. Ahora bien, desde el punto de vista del funcionamiento interno de su propio partido, los firmantes no han podido ser más escrupulosos. Solo se han pronunciado cuando las Cámaras han sido constituidas, cuando Rajoy ha sido investido como nuevo presidente del Gobierno, cuando el candidato derrotado el 20-N ha podido darle la réplica en la Carrera de San Jerónimo y cuando Zapatero ha abandonado La Moncloa.

¿Hubieran tenido que esperar más? ¿A qué? Para el Congreso socialista solo falta un mes y medio. ¿Es que solo tendrían que haber abierto la boca el día anterior a ese Congreso? En ese caso, los militantes socialistas no habrían tenido tiempo de reflexionar sobre estas ideas y proponer otras si no les parecen convincentes.

La autocrítica contenida en el documento es correcta en el fondo y en la forma. En el fondo, porque el desapego de millones de progresistas respecto al Gobierno socialista se produjo cuando este fue incapaz, por las razones que sea, de proponer alternativas socialdemócratas tanto a la crisis como al ajuste presupuestario. En la forma, porque los firmantes del manifiesto asumen de modo explícito su propia responsabilidad personal y política en esa incapacidad.

A uno le gustaría, francamente, que aquellos que ocuparon los más altos lugares del ya ex Gobierno socialista (la presidencia y las vicepresidencias política y económica) se pronunciaran abiertamente sobre si piensan que todo lo hicieron bien.

A fecha de hoy, el PSOE es el único partido con posibilidad de relevar en su momento a Rajoy. Así que su reforma, renovación, rejuvenecimiento, refundación, renacimiento o como cada cual quiera llamarle, es clave para el conjunto de la izquierda española. Este proceso debe ser serio, profundo, riguroso, democrático, no un apaño en las alturas para salir del paso. Una nueva chapuza acentuaría el alejamiento de los socialistas del pueblo progresista español.

La cuestión de los nombres (obsesión de la clase político-mediática) es lo menos importante; lo importante son las ideas. Las personas son sustituibles; las ideas progresistas no deberían serlo.

Javier Valenzuela es periodista y escritor. Ha sido corresponsal de El País en Beirut, Rabat, París y Washington y director adjunto de ese periódico
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