Los gustos musicales nos identifican tanto con el color del pelo o de los ojos. La música que escuchamos, o la que aborrecemos, nos distingue y nos ayuda a asociarnos con otros personas. Podemos no conocer a alguien de nada, pero si le gusta el mismo grupo que a nosotros, inmediatamente nos caerá bien.

¿Qué canciones te gustan?

El único problema es que parece que nuestros gustos musicales no son algún tan intrínseco a nuestra personalidad como pensamos. Que, además, pueden alterarse. O al menos eso es lo que aseguran científicos de la universidad McGill de la ciudad canadiense de Montreal. Según estos investigadores, nuestros gustos musicales pueden alterarse mediante la aplicación de impulsos magnéticos a nuestro cerebro. Como si fuéramos discos duros, un imán cerca de nuestra cabeza puede resetearnos y cambiar la música que nos hace vibrar. Para llegar a estas conclusiones, utilizaron a 17 sujetos como cobayas humanas. Primero les pidieron que evaluaran según sus gustos una serie de canciones elegidas por los investigadores. Además, le pidieron que adquieran sus canciones favoritas con su propio dinero. Después aplicaron a los sujetos una técnica denominada estimulación magnética transcraneal (TSM, en sus siglas en inglés). Con este técnica, estimularon una zona del cerebro de los pacientes, en concreto la conocida como corteza prefrontal dorsolateral.

Estimulación magnética

El resultado fue que, cuando los individuos tenían la zona de su cerebro estimulada eran más proclives a mostrar afición por la canción que estaba sonando. Es más, se mostraban más proclives a adquirir esas canciones, incluso desembolsando un 10% más en cada compra. Por el contrario, cuando el área cerebral no estaba estimulada, los sujetos de estudios mostraban menos interés por las canciones y gastaban un 15% en la compra de cada tema. En realidad lo que sucede es que cuando escuchamos nuestras canciones favoritas, el cerebro libera dopamina, esa hormona que nos hace sentir bien. La estimulación de la corteza prefrontal dorsolateral imita esa sensación. Los científicos esperan que esta técnica sirva para activar áreas cerebrales de individuos con lesiones adquiridas.