Para entender mejor el contenido de este libro inclasificable hay que remontarse al título original: Timequake, que es una deformación de Earthquake (es decir, "terremoto", o, literalmente, "temblor de tierra"), que podría significar "temblor de tiempo", pero que en realidad es intraducible.


Ese temblor de tiempo o cronomoto es el origen de una novela de ficción que Vonnegut dejó inacabada: el 13 de febrero de 2001 se produjo, en palabras del autor, un seísmo cronológico, un súbito fallo en el continuo espacio-tiempo que obligó a los terrícolas a hacer por segunda vez lo que ya habían hecho la década anterior, para bien o para mal. Era un déjà vu que duraba diez largos años. Las personas eran devueltas al 17 de febrero de 1991, momento a partir del cual debían repetir sus pasos de los próximos años. Quien hubiera tenido una década repleta de éxitos y alegrías no se iba a disgustar. Quien, por el contrario, hubiese padecido enfermedades y pérdidas y condenas a prisión, se vería metido en la pesadilla de repetirlo todo conociendo su futuro.


Se supone que, tras años de lucha con aquella novela, Vonnegut no fue capaz de darle un sentido, un orden, algo que le convenciese. Así que alteró el producto original del manuscrito, rescató los fragmentos que le interesaban (protagonizados por su álter ego Kilgore Trout) y añadió al potaje muchos apuntes autobiográficos, algunos chistes, cartas y poemas, viejas anécdotas familiares y literarias, relatos brevísimos que habría escrito Trout, verdades como puños y fantasías acerca del futuro (el escritor, que pelea con este libro en los 90, imagina que estará vivo en 2010; pero moriría antes: en 2007).


El resultado es un libro mixto, al que por fortuna no se puede etiquetar en ningún género, y que mejora, a mi entender, lo que iba destinado a ser sólo ficción. Aquí encontramos al Vonnegut más jocoso, más ácido y más lúcido (muchas de las sentencias del libro se pueden encontrar citadas una y otra vez en inglés en las redes sociales), pero también al autor que bajo esa capa de humor esconde grandes tragedias (hermanos con cáncer, madres que se suicidan, heridas de guerra, accidentes mortales, hombres que están a un paso de la tumba).


En el fondo, y aparte del disfrute que suponen estas memorias mezcladas con incursiones en la ficción, Cronomoto o Timequake es una metáfora sobre la vida, sobre estar vivo a los setenta y tantos cuando casi todos tus familiares, amigos y colegas de profesión ya están bajo tierra. Lo que Kurt Vonnegut nos viene a decir entre líneas es que él está en realidad gozando de ese aplazamiento, de esa tregua, de ese lapso de tiempo de vida del que la mayoría de sus allegados ya no gozan: Escuchen: estamos en la Tierra para pasar el rato. ¡Que nadie les diga lo contrario! Amén.