En cierta secuencia de Bohemian Rhapsody (2018), de Bryan Singer (y Dexter Fletcher), los componentes del grupo Queen se definen como una familia, en la que todos son diferentes, que da voz a los inadaptados, a los que se sienten en los márgenes de la realidad. Freddie Mercury se sentía como un mutante que no encuentra su lugar definido, como si viviera en un permanente corrimiento de tierra. No tiene poderes extraordinarios como los Xmen, pero sí una voz que es admirada por su excepcional singularidad. Bohemian Rhapsody es una canción que les definía. Fue su primer clamoroso éxito, y evidenció su resistencia a plegarse a moldes o convenciones, ya que la canción duraba casi seis minutos, y la norma era que los singles duraran alrededor de tres minutos para ajustarse a las cuadrículas de la programación radiofónica, lo que determinó una infranqueable fricción con un productor que se negaba a aceptar que fuera su primer single (es decir, que desafiaran a las reglas). Pero, por otro lado, también era una canción que definía a Freddy, su naturaleza oscilante, veleidosa, en conflicto, como la voz que no logra definirse con precisión. Era una voz escénica singular, admirada por muchos, pero en su fuero interno parecía tambalearse a la deriva, entre la volubilidad y las contradicciones. La canción comienza con las estrofas: Is this reality? Is this fantasy? Caught in a landslide/¿Es esto realidad? ¿Es esto una fantasía?Atrapado en un corrimiento de tierra. Freddie no parecía encontrar el equilibrio entre su yo escénico y su yo íntimo. Los fulgores de la vida pública y los lujos que el éxito le permitía disponer más bien potenciaban la condición errática, entre la inhibición y el desparrame, de sus emociones. Como quien dispara al padre, para afirmarse, y luego se siente perdido, como quien ya cuando empieza la vida, y busca su propio escenario de vida, siente que ya ha terminado, como si no supiera qué hacer con ese escenario de vida (Mama, just killed a man. Put against his head, pulled my trigger, now he's dead. Mama, life had just begun. But now I've gone and thrown it all away/ Mama, acabo de matar a un hombre. La puse contra su cabeza y apreté mi gatillo, ahora está muerto. Mama, la vida acaba de comenzar, pero ya he acabado y echado todo a perder).

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Freddie negaba, se resistía, como si fuera a la contra, pero luego no encontraba raíz en la que sostenerse, aunque intentara actuar, desplazarse por la realidad, como si nada realmente importara. Con las estrofas Nothing really matters/Anyway wind blows/Nada realmente importa. De todas maneras el viento sopla, concluye la canción. Freddie se rebelaba contra la imposición de un modo de vida, o una narrativa de vida a la que debería plegarse, esa a la que pensaba que se había amoldado, subordinado, su padre. Por eso, no sólo adoptó un nombre artístico, en vez de su real nombre Farrokh Bulsara, sino que literalmente se lo cambió mediante procedimiento legal (no sólo gestaba un yo escénico sino intentaba consolidar su propia raíz de yo real). Era otro, pero ¿quién?. Cuando le confiesa a Mary (Lucy Boynton), su esposa, que es bisexual, ella le dice que no, que es homosexual, como si le conociera mejor que él a sí mismo, extraviado en su dificultad de enfocarse, y por tanto de definirse, sobre todo porque para que lo logre debe superar la interferencia de su incapacidad de afrontar la soledad. Cuando ya se ha separado de Mary, y ambos viven en edificios colindantes, la llama por teléfono para lanzarse mensajes de luz con sus respectivas lámparas a través de la ventana, como un náufrago que se sintiera desamparado en su lujosa casa con múltiples habitaciones, cada una ocupada por algunos de sus gatos. En otra secuencia, alguien, que le atrae, le dirá que cuando sepa cuál es su voz, en suma, cuando se guste a sí mismo, que le llame de nuevo. ¿Cómo va a saber amar si no se gusta a sí mismo, si prioriza sentirse bien con alguien, acompañado, que ser consecuente con lo que siente o no siente?

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En esa deriva, como lo hizo con la familia con la que compartía vínculo de sangre, también negará a la familia del grupo cuando crea sentir que debe encontrar su propia dirección (en la carrera musical). Pero más bien evidenciaba su ofuscación, el lastre del aburrimiento. La sensación de atasco en la redundancia (como si quisiera cambiar de repertorio), no era sino su dificultad de afrontar su intemperie íntima, por lo que optaba por escudarse en la máscara de su exuberante y extravagante yo escénico que, en ocasiones, se tornaba suficiencia caprichosa en su trato con los demás (como si, efectivamente, fuera la reina). ¿Qué había en ese Scaramouche que cita en la canción Bohemian rhapsody sino una figura patética tras una máscara?.

Bohemian Rhapsody 2018

Singer opta por una narración que se ajusta a un molde o patrón narrativo. No opta por planteamientos heterodoxos, como Todd Haynes en sus magníficas Velvet goldmine (1998) o I'm not there (2007), ni despliega una elaborada puesta en escena como Anton Corbjin en Control (2007). Pero dentro de su construcción ortodoxa plantea una sugerente reflexión sobre la dificultad de encontrar o establecer un vínculo de pertenencia, escindido entre la resistencia a ajustarse a moldes y una soledad, una desorientación vital, con la que no sabía lidiar, Freddie, o Farrokh, buscaba, en su desconcierto, apósitos con los que cubrir las fisuras que no dejaba de sentir que vulneraban su vida, como un permanente corrimiento de tierra sobre el que resultaba difícil sentir el equilibrio con el que saber relacionarse con los otros con su auténtica voz.