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'Los casos de Victoria' de Justine Triet
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Problemática vital y cinematográfica de una mujer

'Los casos de Victoria' de Justine Triet

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Jue, 31 Ago 2017

Acostumbrados a las comedias francesas que llegan con regularidad a nuestras carteleras, una película como Los casos de Victoria, tercer largometraje de Justine Triet, puede resultar desconcertante. La presencia de Virginie Efira, una de las actrices fetiches de ese tipo de comedia comercial, de situación y ligeras, puede acrecentar esa extrañeza cuando nos encontramos ante una película que si bien toma los usos del género, también posee un tono desnortado que, entendemos, es parte de la esencia de su propuesta, aunque con ello acabe generando una producción tan desequilibrado como su protagonista.

O bien, ese desequilibrio, ayuda a potenciar las diferentes tramas argumentales alrededor de Victoria (Efira), una abogada, madre de dos hijos, que debe representar a un amigo en un caso a la par que ella misma enfrentarse a su ex marido, quien devenido en escritor se ha inspirado en ella y en antiguos casos para unos relatos que son un éxito en su blog y que están ocasionando a Victoria no pocos problemas. Todo unido, hará que Victoria, tras ser además suspendida temporalmente de su trabajo, sucumba emocionalmente.

Los casos de Victoria posee algo neurótico en su construcción así como en su tono y ritmo. La idea de mostrar de manera absurda la imposibilidad de combinar por parte de Victoria su trabajo, su condición de madre y su vida sexual, toma la forma en la película de Triet de un relato sin centro, algo que en un primer momento resulta, como decíamos, desconcertante, porque aunque en el fondo la película acabe por ser más parecido de lo que quiere a esas comedias comerciales, en realidad, presenta un caos interno que acaba siendo la perfecta forma estructural para poner en escena una vida precaria que ambiciona ser retrato no solo de una mujer sino, por extensión, de una situación social más amplia.

Triet no logra del todo armonizar el tono cómico y el dramático, en cierto modo porque parece no querer enfatizar ninguno de los dos para no remarcar un sentido claro por el que conducir la historia de Victoria. Es decir, ni hacer de Los casos de Victoria una comedia tan desmadrada como por momentos parece pedir el argumento, a pesar de todos los monos y perros que se introduzcan como testigos de un juicio; ni caer en un exceso dramático, como los acontecimientos que van sucediéndose parecen demandar debido a la gravedad de muchos de ellos. Triet toma un camino intermedio y, como resultado, el tono de la película resulta intermitente, sin encontrar un punto exacto, algo que se convierte tanto en una virtud como en un defecto, dado que dota a la película de un cierto aspecto extravagante que ocasiona sus mejores momentos, lo cuales, a su vez, desentona con el resto de pasajes más convencionales.

En realidad, Los casos de Victoria acaba siendo en sí misma una metáfora formal de su protagonista, quien busca su lugar el mundo y su personalidad como Triet persigue el dotar a la película de una naturaleza precisa desde la ausencia de un centro y del caos. Aunque al final Victoria logra encontrar una cierta calma tras unos tormentosos meses, no así Triet, quien cierra su largometraje de una manera más convencional de lo esperado. Quizá porque, aunque ha intentado alejarse de los modos de la comedia francesa más comercial y convencional, al final parece claudicar y conducir Los casos de Victoria por una senda más normativa. Lo bueno es que, en el transcurso, deja algunas buenas ideas y momentos, no suficientes como para hacer de la película algo más singular y sugerente, pero queda la sensación de, al menos, haber estado ante un intento de conseguirlo.



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