Agotan las portadas, consumen en prime time su look de primeros, los dueños de SICAV, esos que no pagan impuestos y luego nos piden a todos para una escuela en Ruanda o un hospital en Haití, los imputados en cientos de casos de corrupción, hacían y siguen haciendo alarde de ser la peor calaña del mundo. No sólo nos dejan el erario vacío, sino que nos condenan a los pobres mortales a ver sus sonrisas, elaboradas a golpe de talón en el dentista, esa sonrisa blanco nuclear que ofende a todos aquellos que no sólo no llegamos a fin de mes, sino que apenas llegamos a la primera quincena.

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