Nada hacía presagiar una debacle tan rotunda de la derecha de Mauricio Macri en Argentina, frente al peronismo de Alberto Fernández, como ha ocurrido en las primarias celebradas el viernes pasado. Cuando un partido que gobierna es arrasado sin paliativos por los votos, suele ser más por demérito de quien gobierna que por mérito de la oposición ganadora.

Las elecciones generales se celebrarán el próximo 27 de octubre, pero esta consulta ha servido para conocer los apoyos con que cuentan uno y otro. Una toma de temperatura, para definir qué fuerzas políticas participarán en la consulta de otoño y qué lista representará a cada uno de ellas.

Pero la diferencia entre el Frente de Todos, el partido de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner (que no irá como candidata a presidenta, sino que apostará por la vicepresidencia), y Juntos por el Cambio (el partido del actual presidente Mauricio Macri) ha sido tan brutal, que habría que descartar que, a la hora de la verdad, haya una mínima posibilidad de remontada por parte de Macri.

Desde hace cuatro años, éste optó por la campaña del miedo. Por evitar que Argentina se convirtiera en una nueva Venezuela, decía. Y en esta huida hacia adelante, después del resultado del viernes, se ha devaluado el peso, ha caído la Bolsa y los títulos argentinos se han desplomado en Nueva York.

Una situación en la que todos pueden culpar al otro de semejante debacle. En un esfuerzo de anticipación, Macri podrá decir que los mercados no confían en Fernández y Fernández dirá que ha sido un chantaje en toda regla, orquestado por el mismo Macri, para seguir apostando por el miedo.

Al gobierno anterior, que dejó la economía en una situación muy poco favorable, fue derrotado por su corrupción. “Roban pero hacen,” decían, a pesar de que nunca ha sido este un principio de la izquierda. Así, que votantes identificados con el progresismo, castigaron al ejecutivo kirchnerista, aupando al conservador Mauricio Macri a la presidencia. Con todo a favor, Macri lo ha hecho muy mal y ahora el castigo es para él.

Ante esta situación, conviene recordar los elogios de Pablo Casado y Albert Rivera al todavía presidente de Argentina: cuando en menos de cuatro años, la inflación ha crecido más del 180% , la pobreza ha aumentado un 35% y el precio de la electricidad ha marcado todos los récords, más del 1600%, no parece que a la derecha española le guste ahora poner el ejemplo de Argentina.

El termómetro preelectoral dejado de ser un medidor de temperatura para transformarse en un hecho político. Nada hacía presagiar una debacle tan rotunda de la derecha de Macri.