El maniquí de la Gürtel, el llorón de las Corts, el mentiroso compulsivo, el traidor a sus compis, el te quiero un huevo, el pobre de solemnidad, con apenas unos miles euros en la cuenta corriente, el paniaguado de su señora y su botica, de donde a veces sacaba parné para la compra de trabillas italianas y trajes malos de a 3.000 euros para pasar por un pobrecito en su cotidiano día a día, ya que los suyos propios son mucho mejores, ha aparecido. Esa escoria humana (de poca consideración) que suplica una sinecura para seguir al cobijo del TSJ correspondiente, de repente da el salto de la rana y se planta en el hotel más caro de Motegui, en los lugares más vips del circuito de Moto GP, allí por donde sólo los próceres, los prohombres de la humanidad pueden pasear, léase Berlusconi, Briatore, Agag… Allí en el país del sol naciente se pudo ver al cetrino pasando una jornada de asueto para olvidar la cacería a la que día tras día se le somete en España.

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