La socialdemocracia europea atraviesa una etapa crítica, que va más allá de los tradicionales ciclos de alternancia hegemónica entre fuerzas conservadoras y progresistas, y que amenaza seriamente su futuro como opción creíble de gobierno en los principales países del continente. Desde hace más de una década, la derecha tiene en sus manos el timón ideológico, político y económico de Europa, y la izquierda, con la excepción de Italia, aparece claramente relegada (España), subsidiaria (Alemania) o rendida (Francia).

Los males de la socialdemocracia combinan una importante falta de confianza interna con un descrédito social muy considerable. ¿Por qué? Fundamentalmente por dos razones: las complicidades de los gobiernos socialistas con las recetas neoliberales que han generado desigualdad y pérdida de derechos entre las clases medias y trabajadoras; y la falta de ambición y de imaginación para plantear un modelo económico alternativo y confrontado, a partir de los valores progresistas de la igualdad, la libertad y la justicia social.

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