El neoliberalismo es incendiario. El 13 de octubre de 1979, Thatcher entusiasmó, tras su victoria electoral y con un discurso de radicalismo derechista, a los miles de asistentes a la 96 Conferencia del Partido Tory. Su teoría política y sus políticas económicas hacían hincapié en la desregulación del sector financiero, la flexibilización en el mercado laboral, la privatización de empresas públicas y la reducción del poder de los sindicatos.

Debía terminarse, según la primera ministra británica, con la protección social a los débiles, los pobres, las mujeres, los jóvenes y, entre otros sectores vulnerables, los inmigrantes.

Tales ingredientes forman buena parte de la causas, directas o indirectas, que nos han conducido a la actual crisis económica y financiera. La desregulación financiera, el despido casi libre, la privatización de las empresas públicas y el desahucio creciente de los sindicatos son los objetivos básicos de quienes promovieron o bendijeron la crisis.

Thatcher era desde joven una fan del Premio Nobel de Economía, Frederich Von Hayek, liberal salvaje como se demuestra leyendo su libro Camino de Servidumbre, publicado en 1944. Aguirre frecuentaba el Club Liberal que presidía, en el tiempo de la transición, Pedro Schwart, a quien ha contratado recientemente para un importante cargo en el Gobierno madrileño. En paralelo, Aguirre militaba en el Partido Liberal del empresario José Antonio Segurado, aliado de AP.

Hayek, muerto en 1992, continúa teniendo muchos seguidores, como el de la presidenta Aguirre. "Socialismo y totalitarismo son esencialmente lo mismo", proclamaba este aristocrático gurú austríaco. O sostenía que "el modelo de organización socialista resulta incompatible con la libertad humana". Más grave son, si cabe, otras reflexiones de Hayek: "Cualquier política dirigida a un ideal de justicia distributiva (…) tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley (…) Esto no sólo es el camino hacia el totalitarismo, sino también el camino hacia la destrucción de nuestra civilización, y ciertamente, la mejor manera de bloquear el progreso".

Ni sindicalistas ni socialistas. Esperanza Aguirre les ha enviado una carta -con retraso de dos meses- acusando a UGT y CCOO en estos términos: "Cuando ustedes elevan mis opiniones a la categoría de insultos y difamación lo hacen porque pretenden cercenar mi libertad de expresión". Sublime cinismo. ¿Aguirre defendiendo la libertad de expresión? A Telemadrid nos remitimos.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM