Dice el expresidente uruguayo, José Mújica, que el PSOE ha sido víctima de una “crisis de identidad”, que se ha “desdibujado su origen histórico, su visión de cosa alternativa, sensata pero distinta, y que la gente tiende a verlo algo parecido a todo lo demás”. Mújica, uno de los presidentes mejor valorados en su tierra natal y sin tacha en el extranjero, “el último héroe de la política” en palabras de su biógrafo Emir Kusturica, ha analizado con acierto la batalla de Ferraz en La Cafetera de Fernando Berlín.

Aún a riesgo de reafirmar el sambenito bolivariano, Podemos circunscribe su disputa interna al debate en torno a las ideas del argentino Ernesto Laclau sobre el populismo. Lo ha analizado en nuestras páginas con brillantez Adrián Lardiez, que tiene unos conocimientos admirables sobre política y sobre Argentina, sólo superados por su sapiencia sobre el Real Madrid.

"Lo que se discute en Podemos es si tiene que seguir siendo populista o no”, ha explicado Pablo Iglesias. Pero no en el sentido despectivo de populismo que tanto se ha usado contra Podemos, sino en el discurso basado en el “pueblo” y la fractura innegable entre “opresores y oprimidos”. Ese relato que se respira en pequeños gestos como la negativa de Iglesias de acudir al desfile militar del 12 de octubre.

En el bando contrario está Iñigo Errejón, que apuesta por la identidad de partido escoba que definió el politólogo alemán Otto Kirchheimer. Una formación que no apele a tanto a la lucha de clases y con una identidad política menos definida, con la aspiración de atrapar al mayor número posible de votantes. Que apele a la hegemonía cultural gramsciana en la que Errejón es un experto.

Este fin de semana, Podemos celebra su Consejo Ciudadano, donde se dirimirá, de una vez por todas, quién gana la batalla de las ideas, aunque se espera que con mucha menos sangre y puñaladas que las vistas en el Comité Federal del PSOE. De momento, los lectores de ELPLURAL.COM, por una pequeña diferencia, están con el sector errejonista. Pero es sólo a Podemos a quien le toca decidir qué camino toma: si aspira a avanzar hacia ser un partido neutro, pero de masas; o si vuelve a ser ese contestatario que era en sus inicios.

Dice Mújica que a él le "gusta lo fermental pero la historia llega hasta donde llega". Al PSOE le ha costado 137 años llegar al punto actual de “crisis de identidad” que lamenta el uruguayo. Podemos aún no ha llegado a cumplir tres años.