A base de aguantar, las malas lenguas podrían caer en la tentación de comparar a Pedro Sánchez con Mariano Rajoy, el hombre que transportó la imagen de Don Tancredo a la política. Esa figura, la del tancredismo, está vinculada a la tauromaquia, en concreto a un lance que consistía en un individuo vestido de manera cómica que, subido a un pedestal, esperaba a la salida del morlaco. La esperanza, al menos del Tancredo de turno, era que el toro pasase de largo al confundirle con una estatua, por aquello de que el mármol tiene una consistencia mayor que las astas del animal.

Aplicar esta metáfora a Rajoy ha sido todo un acierto, pues todos los problemas de su carrera política los ha afrontado haciéndose el muerto: la corrupción, las peleas internas, los intentos de defenestrarle, el riesgo de rescate financiero de España...

Por el contrario, Sánchez sí ha hecho suya la máxima de Rajoy, aquella que compartió con Luis Bárcenas vía SMS y que decía: “Al final, la vida es resistir”. Sin embargo, en vez de quedarse viendo el tren pasar, el líder socialista siempre ha optado por tomar la iniciativa para afrontar los retos que le han puesto en el camino. Cruzando cada puente cuando toca o, como ha señalado con acierto mi compañero José María Garrido, trasladando a la política el espíritu del Cholo Simeone: partido a partido.

Todos los problemas de su carrera política, Rajoy los ha afrontado haciéndose el muerto

Sánchez aguantó al pie del cañón cuando se quedó sin escaño en la IX y X legislaturas, y la fortuna le sonrió, dándole con retraso un puesto en el Congreso. Tiró hacia delante cuando nadie daba un duro por él en las primarias del PSOE. Descabezó al PSM de Tomás Gómez y soportó la campaña que le tachó de maquiavélico. Cuando el sorpasso de Podemos parecía una realidad, consiguió aguantar el tirón, aunque obtuviese los peores resultados del PSOE en la historia reciente. Esperó a que Rajoy se mostrase como el cobarde que siempre fue para tomar el relevo de la investidura. Y, cuando fue su partido el que intentó ponerle palos en las ruedas, se sacó de la manga una consulta a la militancia en la que arrasó.

El PP acudió este martes al Congreso con yelmo, cota de malla y escudo. Sus diputados avisaron a todo el que le quiso escuchar de que el discurso de Sánchez se centraría en golpear a Rajoy, más aún cuando el presidente del Gobierno no podría contestar hasta el día siguiente. Pero al socialista no le hizo falta. Ni por un momento mencionó la corrupción de su rival, como mucho dejó en evidencia su fuga ante la responsabilidad que le otorgó el Rey.

“El Partido Socialista lo tiene claro. Tras el escapismo del Sr. Rajoy (el mismo que ha caracterizado sus 4 años de Gobierno) el PSOE tenía que elegir: o contribuir al desgobierno y a la falta de compromiso con nuestro país; o dar un paso adelante e intentar conformar una mayoría que afronte los cambios urgentes que los españoles desean”. Esta es la más dura de las 8 menciones a Rajoy que incluía el discurso de Pedro Sánchez.

El mensaje difundido por el PSOE tras el discurso de Sánchez no podía ser más acertado: “Aunque pierda la investidura, Sánchez ya ha ganado”. Quizás no llegue ahora a ser presidente, pero de cara a unas nuevas elecciones, su casilla de salida ha mejorado mucho. Se ha comportado como un hombre de Estado, que ha aceptado el reto de intentar formar Gobierno y ha conseguido llegar a un acuerdo con quienes no piensan igual que él. Justo lo que reclaman los españoles.

Pase lo que pase, Sánchez ya estará pensando en el próximo partido.