Una utopía hecha decálogo

Regalo mi voto a un partido honrado que prefiera mi bienestar antes que su victoria y, entre otras cosas:

1- Que conceda mas valor a mi puesto de trabajo y a mi futura pensión que a la erótica de poder que confiere cada escaño.

2- Que se indigne cuando yo me indigno y no cuando se indigna la banca y el gran capital.

3- Que no conciba la política y el arte de hacer oposición como una riña de niños en el patio de recreo de un colegio.

4- Que no se alegre con los malos datos económicos que alimenten sus expectativas de victoria electoral.

5- Que no se obsesione por las urnas y oropeles más que por el cumplimiento de las justas ansias y los dignos sueños de la gente que, como yo, aspira a vivir solo un poco mejor (muchos, tan solo a sobrevivir).

6- Que no privatice ni hipoteque mis aspiraciones a un reparto equitativo y un acceso fácil y universal a los mínimos derechos básicos de la ciudadanía.

7- Que se acuerde de mí mas allá de los periodos electorales y preelectorales.

8- Que sepa pedir perdón, reconocer sus errores y, por encima de todo, decir siempre la verdad.

9- Que comparta conmigo la realidad que cada día comparto yo con millones de ciudadanos.

10- Que los dirigentes de ese partido político se parezcan a la gente normal, sencillamente porque sean gente tan normal y tan corriente como yo o como cualquier otro ciudadano.

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