Este es el relato que hacen:

“En una sala reservada, mientras llegaba el momento de salir a la sala principal, estaban reunidos los presidentes autonómicos y ‘barones’ del PP. Esperaban al líder. Llegó entonces Mariano. Y comenzó a saludarles a todos, uno a uno. Con mayor o menor confianza, sonrisa amplia, medio abrazo, dos besos…, todos fueron pasando el trámite. Hasta que llegó el turno de Rudi (Luisa Fernanda Rudi, presidenta de Aragón). Y todo cambió. Se puso firme frente a Rajoy, chocó los pies dando un sonoro taconazo y realizó el gesto de máximo respeto: bajó la cabeza en señal de respeto y, a continuación, adelantó la mano hacia el líder. Los que les rodeaban sonrieron por la escena…, cuando se recuperaron de la situación”.

Lo que da la cercanía del poder. Esa misma mañana Dolores (de) Cospedal había ruborizado al propio Rajoy con alabanzas que recordaban otros tiempos y que resumió en una “frase-cascada” de admiración: “Gracias por ser honesto –empezó-, integrador, consistente, incansable, decidido, coherente, persuasivo, generoso e inspirador”.

¡Y pensar que en 2008, hace una crisis del tamaño del copón, no pocos de los que asistieron al taconazo y la doblez de testuz habían dudado (casi) públicamente del líder! Con razón al concluir el acto del pasado sábado, Rajoy confesó: “Si yo estoy aquí es porque vosotros lo habéis querido. Vosotros y nadie más. Vosotros… y a pesar de todo”. Ese “a pesar de todo” es puro Rajoy. Como decía un exlíder popular en confidencia: “Ahí está él, vivo y líder sin contestación; y aquí estamos los demás, cadáveres políticos”.