Nos dicen que literalmente eso…, que está dispuesto a dedicar tiempo y esfuerzo para centrarse en cualquier cosa que le pidiera un hipotético presidente Pérez Rubalcaba. Sea en España o en el extranjero; sea para analizar, sea para actuar. “En el fondo, viene a ser que pone su agenda a disposición de Rubalcaba”, nos vienen a decir.

No sería ministro
Eso sí, dentro de los límites que los dos hombres ya conocen. Y que son muy claros. González ha dejado claro que no quiere estar en el Gobierno. Que no aceptaría ser, por ejemplo, como se ha insinuado en determinados medios, ministro de Asuntos Exteriores.

Y González no quiere tampoco presidir el PSOE. Algo para lo que tiene sus razones. Razones que, según nos cuentan, ya le expuso a Rodríguez Zapatero haciendo un ejercicio de cierta humildad y reconocimiento de sus propios límites. Entonces el expresidente advirtió a su sucesor que “yo no soy un hombre que se pueda callar, que sepa mantenerse en un segundo plano…, y aquí el presidente del partido debe ser una figura representativa, más un moderador de las corrientes, que alguien que mueva ideas”.

Le intentarían utilizar
El problema al final se resume en uno, que conocen tanto Felipe González como quienes le han sucedido: su sombra es muy grande. “Nadie creería, si estuviera en el gobierno o presidiera el partido-nos dice alguien que conoce bien el funcionamiento del PSOE-, que no estuviera detrás de cada gran decisión.., y, aún peor, muchos se sentirían tentados de acudir a él para que ejerciera lo que no es, ni quiere volver a ser, el que manda, saltándose o buscando que influyera en el presidente del Gobierno”.