Creo sinceramente que desde el respeto, todo es compatible, yo por ejemplo, el 11 de marzo me levanté ciertamente alegre, con mis hijos estuve jugando una buena parte de la mañana, en un momento dado empecé a leer la prensa vía Internet, y por supuesto como todos los años, en soledad, tuve un recuerdo sentido por las víctimas de aquel día, en especial para Javier, un amigo de la infancia, destrozado en Santa Eugenia. Su cuerpo salvó milagrosamente a su hijo pequeño. Un buen rato asomaron las lagrimas y dediqué a honrar su memoria con el recuerdo de los mejores momentos con él vividos. Luego comí con la familia y la tarde la pasamos patinando entre risas y juegos con los pequeños. ¿Es esto una impiedad? Ser feliz y a la vez tener un recuerdo para ellos, para posteriormente volver a ser un padre de familia que disfruta. ¿Es todo esto una vergüenza, un despropósito? Yo creo que no, cambien los momentos de asueto, felicidad y distensión de ese domingo y pongan la seriedad de una petición fundada, el ejercicio de un derecho constitucional y verán que no es incompatible con honrar la memoria. Salvo que se quiera carnaza por parte de los esvásticos y de unas pobres victimas que ven que se les acaba el consuelo y que no van a dirigir la lucha antiterrorista afortunadamente.

 

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