No hace falta que pasen 2.000 años para que el lenguaje produzca este tipo de travesuras. En estos tiempos líquidos, donde todo fluye con especial velocidad, bastan unos cuantos meses para jugar con el idioma. Un buen ejemplo es el término ‘copago’, que desde el inicio de la crisis nos machaca como un runrún. Al igual que el río-río, el ‘copago’ implica volver a pagar por algo que ya has apoquinado antes: un servicio sanitario que ha salido de tus impuestos, una autopista que se ha construido con tu dinero…

Los ciudadanos, que son muy suyos, le han cogido rápidamente el truco a esto de las palabrejas y ya se han dado cuenta del engaño que implica el término copago. Así que nuestros dirigentes no han tardado en acuñar otros neologismos para seguir jugando al despiste. En España, se ha puesto ya a la vanguardia el presidente Artur Mas, que se ha sacado de la chistera unos curiosos “tickets moderadores” para la sanidad catalana.

Precisamente al otro lado del Guadiana, en Portugal, acaban de inventarse unas amigables “tasas moderadoras” por las que los ciudadanos tendrán que pagar 5 euros por ir al Ambulatorio o 20 euros por acudir a Urgencias. Teniendo en cuenta que el salario mínimo de Portugal está casi 200 euros por debajo del español, si la idea triunfase aquí, cada problema urgente nos saldría por unos 27 euros.

Decía recientemente el gran Enric González que los verdaderos culpables de la crisis no eran ni los banqueros, ni los políticos, ni los especuladores. Los responsables son los filósofos idealistas desde Hegel a Kojève porque nos han hecho creer falsamente que “la Historia es lineal, que va de menos a más (...) Que la prosperidad no es un accidente cíclico, sino un derecho y un destino”.

Porque, en realidad, los derechos laborales y sociales conseguidos tras muchos años de lucha pueden desaparecer de la noche a la mañana. Siempre se tarda menos en derrumbar un edificio que en construirlo.

Marcos Paradinas es redactor jefe de El Plural