Los discursos de Pablo Casado, líder del Partido Popular, y los de su socio Albert Rivera, de Ciudadanos, están plagados de admoniciones y desgracias dirigidas al presidente del Gobierno, rayando a veces el insulto y en demasiadas ocasiones el uso indiscriminado de la mentira. Ambos líderes en la oposición trazan mensajes que rezuman mala intención y encono hacia Pedro Sánchez.

Casado le acusa de gobernar a golpe de decreto y manipulación, se pone la medalla de que el PP es quien ha sacado adelante la reforma laboral (¿recuerdan?), aquella que sumió en la desesperación a tantos ciudadanos, o se ha atrevido a afirmar que su partido defenderá, "como ha hecho siempre", a los pensionistas actuales y a los por venir, pues dicen no haber puesto nunca en riesgo el sistema. Que se pongan a temblar los jubilados.

Sus deseos de alcanzar el poder les llevan a una contradicción paradójica. De una parte, niegan cualquier relación con el pasado recientísimo de corrupción en su partido y, por otra, la reivindicación continua de supuestos logros y grandes beneficios impulsados por su formación.

Casado le acusa de gobernar a golpe de decreto y manipulación, se pone la medalla de que el PP es quien ha sacado adelante la reforma laboral (¿recuerdan?)

En una clásica maniobra de marketing político, muy propia de la extrema, que consiste en apropiarse de los argumentos del contrario y denunciar al oponente achacándole sus propios defectos, Casado acusa a Sánchez de insultar, de instrumentalizar las instituciones y de intentar deslegitimar al adversario. Es decir, todo lo que suelen hacer Casado y su amigo Rivera cuando se refieren a su temido oponente.

Según el calendario romano, los idus de marzo – el día 15 del tercer mes del año- era el día de mejor suerte, consagrado al dios Marte y pleno de buenos augurios. En una afamada ocasión, tal circunstancia no se dio: fue cuando Bruto, torciendo el brazo a la buena estrella tradicional para entonces, asesinó a Julio César, con el agravante de que el infortunio se había predicho con anterioridad: Shakespeare lo reflejaba así en su obra Julio César: “Cuídate de los idus de marzo”. En esta precampaña electoral, que avanza virulenta, azules y naranjas vaticinan, cada vez que abren la boca, el escenario más catastrófico para Sánchez. Pero ¡cuidado, Casado y Rivera!: deberían reflexionar que, en ocasiones, lo que tanto se desea rebota contra uno mismo.

Con sus objetivos marcados, el líder socialista continúa su rumbo, sin variar los objetivos y con la intención de recuperar o implantar hasta el último minuto los beneficios sociales que finiquitó y que omitió su predecesor Mariano Rajoy Brey. Para bien de España, y desazón de quienes tanta inquina muestran, espero que los idus de marzo aporten la buena estrella que vaticinan y que el 28 de abril los electores den su confianza a quien la merece. Así sea.

Enric Sopena es Presidente Ad Meritum y fundador de ElPlural.com