Esta manaña, he pensado en mi padre, que siempre se negó a alegrarse de la muerte de nadie. Él, que llevó en su corazón hasta el último instante de su vida la impotencia de lo que le quitaron, su dignidad y su libertad. Escuché mil veces la historia de cómo cuando era joven vinieron una madrugada a punta de fusil a quitarle su camión. Le tocó, muchos años después, entregar al régimen otras llaves, las de su casa, pagada hasta el último peso, cuando cedió ante sus hijas, muy a su pesar, a abandonar su amada isla y venirse a Madrid.

Nunca creyó en sus discursos ni en sus intenciones, y siempre vio a un dictador con el ansia de apoderarse del destino de 11 millones de almas, a golpe de caprichos, de megalomanía enfermiza, que fue eliminando sin piedad a todos aquellos líderes que pudieran hacerle sombra con la ayuda de su retorcido hermano pequeño, al que colocó en su lugar.

Incendió América Latina, a cuyas guerrillas entrenó y apoyó –he sido testigo de ello-, no pensando en su sufrida gente, sino en su infinita ansia de poder. Y no le bastó. Envió a su Ejército a África y tras la guerra de Angola, cuando algunos medios internacionales publicaron noticias sobre el tráfico de diamantes y droga en aguas cubanas no vaciló en poner ante el batallón de fusilamiento a un grupo de generales, alguno de ellos compañero de la Sierra Maestra, acusándoles de corruptos, cuando en Cuba no se movía ni una hoja sin que los hermanos lo supieran. Lo que buscaban los generales, según trascendió a sotto voce en la Isla, era tumbarle a él.

Cincuenta y siete años de un supuesto discurso progresista que han comprado millones de personas en todo el mundo, incluida la vieja Europa. Recuerdo a los dirigentes cubanos que salían en aquellas teles de factoría soviética vestidos modestamente, con sus camisitas de cuadro, en alocuciones demagógicas, para volver después a sus mansiones del Vedado y Miramar, a sus yates, sus coches de lujo y sus viajes al extranjero. Me recuerdan a algunos populistas que conviven entre nosotros, tan correctamente preocupados por el pueblo y que se llenan la boca con eslóganes de democracia soñando con llegar al poder para pisotearla.

“Esta revolución es tan verde como las palmas”, dijo con una imagen de la Caridad del Cobre colgada al cuello, cuando en 1959 le preguntaron si la Revolución iba a ser comunista, antes de que prohibiera entrar a las iglesias y celebrar la Navidad. Ajenos a la verdadera realidad, muchos han creído que fue el mal llamado bloqueo de Estados Unidos el que convirtió a Cuba en un satélite del eje comunista. La realidad es que era el único camino que le aseguraba estar más de medio siglo en el poder.

Ayer en la noche, los cubanos de la Little Havana, en Miami, festejaron la muerte del dictador. La mayoría de ellos marcados por la ruptura, a los que durante décadas se les prohibió volver a su tierra. Ni siquiera para velar el cadáver de madres, padres y hermanos. 

Yo sé que tú lo vivirías de otra forma, papi. Porque tú no te alegrabas de la muerte de nadie. Pero cómo me gustaría poder vivir este momento contigo.


Cecilia Guzmán es periodista cubana y española
@cguzmanal en Twitter