Los grandes principios ideológicos de la fiscalidad progresista son la suficiencia, la progresividad y la justicia. Para obtener unos ingresos fiscales suficientes es preciso asegurar la regulación efectiva sobre los hechos imponibles más relevantes en nuestro tiempo. Por ejemplo, siempre será más eficaz una fiscalidad de dimensión supranacional que una fiscalidad autonómica para gravar las transacciones financieras internacionales, o los depósitos de los grandes bancos, o los beneficios de las sociedades multinacionales.

También es de pura lógica prever que un aparato fiscal a escala nacional o europea será más capaz que uno regional a la hora de garantizar la mejor progresividad. Los grandes poderes que moviliza el capital requieren de grandes poderes institucionales para regular su actividad y asegurar su contribución fiscal al interés común.

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