Muchos esperaban ver a Berlusconi entrando esposado en prisión o huyendo en avión como Craxi (aunque la caída de dictadores en el norte de África estaba empezando a dejarle sin destinos). Pero si no fuese por lo irónico de que sea una “prima de riesgo” la que haga caer al gobernante más machista de Occidente, su dimisión daría hasta pena.

Berlusconi será, a todas luces, sustituido por Mario Monti, al que los medios nos presentan como un “prestigioso economista” en el que poder confiar un “gobierno técnico”. Mientras esto se cuece en Italia, a unos pocos kilómetros de allí, en Grecia, Yorgos Papandreu, más conocido como “el niño de los faroles”, se hace el harakiri y cede el puesto de primer ministro a un banquero: Lucas Papademos, exvicepresidente del Banco Central Europeo y exgobernador del Banco de Grecia.

“Sus nombramientos son legítimos”, dirán muchos. “Le ha elegido (o elegirá) un Parlamento electo por los ciudadanos”, justificarán. “En nuestras democracias no se vota al presidente, sino a los representantes”, explicarán. Sin embargo, en España el debate entre Rajoy y Rubalcaba (formalmente dos meros candidatos a diputado) genera la expectación que da saber que uno de los dos será el futuro presidente del Gobierno soberano español.

“No soy un político”, fueron las primeras palabras de Papademos al pueblo griego, como si eso fuese una buena noticia. Es la hora de los tecnócratas, un término que definió la última etapa del franquismo y que hoy día sigue teniendo idénticas connotaciones fascistas. Europa se hunde y vuelven a ser necesarios “cirujanos de hierro” que nadie ha elegido.

Creían que era el fin del capitalismo y que vendría una revolución social para crear un mundo más justo. Y es el capitalismo el que nos está haciendo la revolución a nosotros.

Marcos Paradinas es redactor jefe de El Plural