El jefe de la derecha española no se ha mojado apenas, ha eludido meterse en cualquiera de los muchos charcos que sin duda tiene y ha sacado electoralmente una enorme tajada a la crisis económica internacional, que ha sido y sigue siendo la más eficaz aliada que nunca creyó tener Rajoy, como todo el mundo conoce. Rajoy ha sobrevivido políticamente gracias, en efecto, a la crisis. Cuanto pero, mejor.

No obstante, hay muchos simpatizantes del PSOE, y hasta militantes, que no se dan cuenta, o no quieren enterarse, que su actitud abstencionista es ponerle en bandeja la victoria, y además por mayoría absoluta, al PP. ¿A quién beneficia, en términos políticos, la crisis? ¿A la derecha o a la izquierda? Desde luego, no ha hecho la crisis más –insistimos que en términos políticos- que beneficiar al Partido Popular. Ha logrado salir del pozo y tiene casi todos los números de la lotería para que le toque el gordo sin haberse él desgastado nada, lo que se dice nada.

Hubo sin embargo un tiempo muy ácido, y muy difícil para Rajoy, como líder. Su derrota de marzo de 2008 levantó con auténtica ira a los críticos del ahora jaleado, loado y venerado don Mariano. Entonces los sectores más radicales de Génova 13 –con un grupo de periodistas pedrojotistas que soñaban con ovacionar a Esperanza Aguirre en la Moncloa y recibir algunas prebendas a cambio- lo pusieron a caldo, insultos incluidos. Calentaba el ambiente contra Rajoy el mismísimo José María Aznar y no de una manera pública o rotunda, sino con gestos inequívocos y argumentos perversos en relación a su, por cierto, heredero, nombrado por él cuando aún era presidente del Gobierno y del partido. Acordémonos al respecto de su presencia en el Congreso de Valencia.

Los críticos más activos de Rajoy entonces se lanzaron sin piedad a la yugular de Arriola. Le atacaron con los propósitos más siniestros de fulminarlo profesionalmente. Le acusaron de enriquecerse sin dar golpe y le echaron en cara que su teoría de que Rajoy no debía no entrar al trapo socialista era una trampa macabea. Hay textos o intervenciones de radio y televisión de Isabel San Sebastián o peroratas de Federico Jiménez Losantos, entre otros indignados tertulianos, como Miguel Ángel Rodríguez, destinados directamente a cepillarse a Arriola. Muerto el perro se murió la rabia, creían. Se equivocaron de arriba abajo y, en la actualidad, le ofrecen sus servicios a Rajoy, como hizo hace unos días Pedro J. Ramírez.

En todo caso, el líder conservador procurará como sea evitar el cara a cara en televisión entre ambos candidatos. ¿Qué le dirá Arriola a su discípulo Rajoy? No es fácil. Si se niega o busca coartadas para salvarse de los debates -dos al menos, Sr. Rajoy- quedará ante la opinión pública como un cobarde, incapaz en el fondo de plantar cara a Rubalcaba, que continúa estando por encima de Rajoy en las encuestas. Y si acepta finalmente, es verdad que se juega en buena parte la ansiada Presidencia del Gobierno. Rubalcaba sí podría machacarlo. Eso lo sabemos todos. Como sabemos también que no sería democrático que Rajoy huyera de tales debates. Claro que lo que es o no democrático le importa bien poco a Rajoy y a su maestro Arriola. En eso coinciden muchos seguidores populares. Tanto los radicales como los antiguos críticos de don Mariano.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM