Las sociedades latinas son muy dadas a confiar en el pensamiento mágico como respuesta a los grandes problemas. Cuando otras sociedades acuden a la razón o al esfuerzo paciente, los latinos buscamos el atajo del “abracadabra”. Algo de esto sucede en torno a las medidas a adoptar para salir de la crisis y crear puestos de trabajo.


Los gobernantes madrileños nos ofrecen hoy la magia de Las Vegas en la meseta castellana, pero ayer eran los Juegos Olímpicos y antes de ayer era el Hollywood de la Warner o los campos de golf repletos de jeques árabes… También ha ocurrido en Cataluña, en Aragón, en la Comunidad Valenciana… Casinos, parques temáticos, oceanográficos, huertos solares…La propia burbuja inmobiliaria partía de la ensoñación de una escalada permanente en los precios.

Pero las sociedades con economías sólidas y porcentajes altos de empleo no alcanzan el éxito con varitas mágicas o milagros de tres al cuarto. Alemania triunfa por la solidez de su industria y su sistema de bienestar. Los finlandeses no tienen casi paro, porque confiaron en su capacidad para la innovación tecnológica. El “milagro” de Corea del Sur se llama educación, educación y educación.

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