La derecha sociológica de este país, quizás por la herencia de ver complots judeomasónicos hasta en las tapas de los yogures, está esforzándose desde todos sus frentes por buscar una mano negra detrás de las protestas que han albergado las calles estas semanas. Como en su día González Pons se empeñó en hacer llamamientos a los españoles para que imitaran al “pueblo egipcio”, creen que detrás de lo Valencia está el PSOE, Compromís, la ceja y el párpado. Pero olvidan los latigazos en la cara que cada día reciben los ciudadanos.

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La patronal española, que es uno de los frentes de la derecha, está esforzándose con denuedo en esa política de agravios continuos a las clases desfavorecidas. Les han hecho una reforma laboral al dictado tan “agresiva” que ahora el único sueldo para toda la vida será el que regale Nescafé. Mientras los sindicatos siguen buscando mejillas para poner, los empresarios han aprendido que cuanto más pidan, más les caerá.

Sólo así se explica que tras el decretazo laboral sigan dándonos latigazos en la cara pidiendo que se les quite el paro a quien rechace un trabajo en Laponia o que se limite el ya paupérrimo derecho de huelga. Porque no nos engañemos: la reforma laboral sólo beneficia al empresario. Si se supone que “sólo creará empleo cuando haya crecimiento económico”, como han dicho desde el Gobierno, estamos en las mismas que antes, pero con muchos menos derechos.

En España, hay trabajo pero, al igual que el dinero, el problema es que está mal repartido. Un buen ejemplo es José Luis Feito, el lumbreras con bigotito berlanguiano de la patronal que quiere enviar trabajadores  a Laponia. Feito tiene cuatro puestos en la CEOE y es presidente en España del lobby de autopistas (ASETA) y vicepresidente y presidente de honor del correspondiente lobby europeo (Asecap). Además, es consejero de cuatro empresas y fundaciones. En total, son más diez puestos concentrados en una sola persona. ¿Y aún nos preguntamos por qué hay más de cinco millones de parados?

Pero no se vayan todavía porque hay otros ejemplos, como el de Arturo Fernández: vicepresidente de la CEOE y presidente de CEIM, OPCE, Eurodefense España y la Cámara de Comercio de Madrid. A esto hay que sumar otros seis cargos variados en federaciones, cajas y comités ejecutivos. Así que volvemos a tener a un español ocupando más de diez trabajos.

Este miércoles, Arturo Fernández acudió al programa de Intereconomía El Gato al Agua donde dijo cosas tan interesantes como que “los empresarios somos héroes. Hay gente que pone su casa como garantía para pagar los salarios”. No será él, que puede comprarle al rey Juan Carlos I un Masseratti Quatroporte por 100.000 euros para unirlo a su colección de coches de lujo.

Además, aseguró que no había “oído a nadie quejarse de la reforma laboral en la cola del INEM”. Me cuesta imaginar al señor Fernández compaginando todos sus empleos con la labor de infiltrarse entre las filas de parados para recabar su opinión. Aunque, cuando tu empresa de hostelería consigue las concesiones públicas para estar en tanatorios municipales, universidades y el IFEMA, el negocio se lleva solo.

Marcos Paradinas es redactor jefe de ELPLURAL.COM