A menudo hay que volver a leer a los clásicos. Conviene hacerlo a veces, como mínimo para aprender que poco o nada hay de realmente nuevo en lo que hoy vivimos. En no pocas ocasiones ni tan siquiera es necesario regresar a la lectura del clásico: viene por sí solo a nuestra mente, a nuestra memoria. Tal vez por esto, con motivo de alguno de los hechos sucedidos el 21-D en Barcelona con motivo de la celebración de un consejo de ministros en la capital catalana, he recordado uno de los bellos y ejemplares cuentos del danés Hans-Christian Andersen, “El traje nuevo del emperador”, conocido también como “El rey desnudo”.

Me refiero a una anécdota muy significativa, reveladora del estado emocional y sentimental en el que se basa, al menos en gran medida, buena parte del movimiento secesionista catalán. Se trata de un hecho apenas sin importancia, en apariencia intrascendente aunque ya muy conocido, poco comentado por los analistas políticos y que, a pesar de todo ello, en muy pocos días se ha convertido ya en una extraña suerte de meme no tan solo compartida y retuiteada en gran cantidad a través de las más diversas redes sociales, sino que incluso ha pasado, en pocas horas, a formar parte del “merchandising” de las compras navideñas en Cataluña, con vasos, posavasos, tazas y camisetas en las que se recoge la ahora ya famosísima frase con la que un agente de los Mossos d’Esquadra se dirigió, obviamente en catalán, a otro funcionario de la Generalitat, un agente rural, que según algunas versiones intentaba mediar entre la policía autonómica y algunos de los violentos manifestantes radicales que querían impedir la celebración del consejo de ministros, mientras versiones poco contrastadas aseveran que el citado agente rural formaba parte de aquel grupo de violentos exaltados.

Cuando el citado agente fue increpado por el miembro de la policía catalana, le adujo que él defendía “la República”, en alusión evidentemente a la “República catalana”, y el agente de los Mossos d’Esquadra le dio una respuesta expeditiva y contundente: “¡La República no existe, idiota!”. Que “la República no existe” es una obviedad absoluta. Lo han reconocido de forma pública y reiterada todo tipo de dirigentes separatistas, desde el siempre muy radical ideólogo Agustí Colomines hasta la exconsejera de Enseñanza en el Gobierno de Carles Puigdemont y ahora huida en el Reino Unido, Clara Ponsatí, entre muchos otros. Está claro que la frase de marras no es ni puede ser interpretada como  un exabrupto -sí puede interpretarse como tal el uso de “idiota” como descalificación o insulto personal entre un agente policial y un manifestante o un funcionario-, pero en cualquier caso revela hasta qué punto en la Cataluña actual todavía hay muchas, demasiadas personas que siguen pensando, o tal vez más precisamente queriendo creer, que el rey no va desnudo, que el nuevo traje del emperador realmente existe y es de una belleza extraordinaria…

Como el niño que en el cuento de Andersen denuncia inocentemente el engaño del rey que aparenta vestir un nuevo y muy lujoso traje aunque en realidad va completamente desnudo, el Mosso d’Esquadra que dijo alto y claro “¡la República no existe, idiota!”, tuvo el gran valor cívico de la sinceridad.

Ahora, al parecer, el consejero de Interior de la Generalitat, el ínclito Miquel Buch, ha anunciado la apertura de un expediente disciplinario contra el citado agente de la policía autonómica. Hasta ahora no se conoce que se haya incoado ningún expediente de este tipo contra cualquiera de los numerosos miembros de los Mossos d’Esquadra integrados en el grupo “Mossos per la Independència”, ni contra ninguno de sus agentes que, estando incluso en acto de servicio, lucen banderas secesionistas, por ejemplo en sus vehículos oficiales.

Conviene releer a los clásicos. Aunque a menudo no es necesario: la vida diaria nos los hace actuales. A menudo por desgracia, como en este caso.