Mariano Rajoy es el hombre-organización por excelencia, como él mismo se encargó de recalcar cuando luchaba por reforzarse en su inestable liderazgo al frente del PP. Era un tipo gris y abnegado que había hecho de la prudencia y de la paciencia su arma para escalar poco a poco en el partido, pasando por todos sus escalones. Alguien aburrido pero previsible, no como esos rebeldes de disfraz liberal que le acosaban cada día con sus "ocurrencias", dicho sea en el lenguaje marianista. La estructura del partido le arropó porque Mariano y estructura eran una misma cosa, un todo indistinguible, y el PP ha acumulado más poder que en toda su historia.

Pero el hombre-organización que hizo de la estructura su fuerza, su resistencia, su valladar inexpugnable, amenaza con quedarse atrapado en su poderoso búnker de Génova. Porque han pillado con las manos en la masa al encargado de llevar las cuentas y de sufragar las campañas electorales con las que acceder a esos cargos que dan sentido a cualquier plataforma con vocación de poder. Es una de esas fantásticas jugadas que depara el destino, por otra parte ineludible: lo que no mata engorda, hasta que sobrepasas el límite de la obesidad mórbida. En los términos positivos y optimistas de la neolengua de la derecha lo podrían rebautizar no como morir de gula sino como reventar de éxito. Si los donantes cortejaban a Bárcenas es porque se supone que estos tenían confianza en que la formación funcionaba, que los ‘principios’ que defendían con sus billeteras tendrían traducción práctica en la política real.

A Rajoy se le vinieron encima todos esos papeles contables que estructuraban su mundo y el de todo su partido, porque el encargado de las cuentas en Génova llegó a acumular hasta 47 millones de euros en Suiza, aunque se ha movido en varios paraísos fiscales y la investigación sigue el rastro en búsqueda de más dinero, también de su mujer, Rosalía Iglesias, igualmente imputada por delitos contra la Hacienda Pública. Bárcenas ofrece la posibilidad de nuevos documentos a cambio de su libertad y reclama que se interrogue a uno de sus predecesores, Rodolfo Naseiro. Porque en la clave del caso aparece insistentemente una la línea de continuidad. También están imputados los tesoreros que precedieron a Bárcenas en el cargo, Álvaro Lapuerta y Ángel Sanchis, y eso después de que Naseiro se librara en Alianza Popular de un juicio por presunta financiación ilegal por un detalle ‘técnico’ y de que aparezca de nuevo en este sumario como uno de los intermediarios en la compra-venta de cuadros con los que Hacienda y la Policía creen que se ocultaba dinero negro. La sombra contable va desde la AP de Fraga hasta el actual partido, pasando desde luego por Aznar, bajo cuyo mandato en el partido junto a su mano derecha Francisco Álvarez Cascos –el PAC de la trama según los investigadores– desembarcó en Génova Francisco Correa.

Allí estaba el pulcro registrador de la propiedad dando lecciones de sensatez y confianza al mundo, con Bárcenas en un despacho –eso sí cuando no estaba de viaje en Suiza, una afición que  hacía mucha gracia en Génova 13– y los responsables de la maquinaria del agit-prop en otro. Si te gustan las salchichas pero no quieres ver cómo se hacen existe la opción del teletrabajo, y si como sería lo normal no cobras en negro no tienes ni que ir a la empresa a por sobres, te hacen la transferencia. Aunque si eres el jefe está feo que no te pases de vez en cuando por la planta de producción.

Rajoy dice que España ha pasado el Cabo de Hornos, aunque un cuarto de la población está en el agua fuera del barco, en el paro, y al menos otro cuarto da síntomas de disentería o escorbuto por las penurias del trayecto. Pero el presidente se comporta también como si hubiera pasado el Cabo de Hornos del escándalo Bárcenas, convencido de que ya no se hundirá el barco popular. Para diseccionar a un hombre-organización se puede apelar a W.H. Whyte o a Erich Fromm. Pero también a Joseph Conrad, porque ahora el líder del PP recuerda especialmente al director de esa misteriosa "Compañía" que mediante un destartalado barco comerciaba con marfil en esa África salvaje de colonos embrutecidos de El corazón de las tinieblas. Esto dice Marlow, el protagonista de la novela, sobre aquel superviviente nato:
Era un comerciante común empleado en aquellos lugares desde su juventud, eso es todo. Era obedecido, a pesar de que no inspiraba amor ni odio, ni siquiera respeto. Producía una sensación de inquietud (…) Carecía de talento organizador, de iniciativa, hasta de sentido del orden. (…) ¿Cómo había logrado ocupar tal puesto? Tal vez por la única razón de que nunca enfermaba. Había servido allí tres períodos de tres años. Una salud triunfante en medio de la derrota general de los organismos constituye por sí misma una especie de poder (…) No era capaz de crear nada, mantenía sólo la rutina, eso era todo. Pero era genial. Era genial por aquella pequeña cosa que era imposible deducir en él. Nunca le descubrió a nadie ese secreto.

La pesadilla del hombre-organización no es que su entorno sea insalubre, ni siquiera que algunos compañeros caigan a su alrededor, sino que la carcoma derribe la estructura. Y de su propia resistencia al contagio depende el éxito de toda la empresa. Mientras el barco aguante, ambos continuarán indiferentes su curso.

Sergio Colado es redactor de ELPLURAL.COM
Blog Disidentes 6.0
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