No pocos en el PP dicen estar preocupados por el supuesto avance del partido ultraderechista VOX - según los sondeos, y me refiero a las elecciones andaluzas, que se encuentran en plena campaña de propaganda política-. Ciudadanos asegura preocuparse menos, pero con la boca pequeña. El secretario general del PP y número dos de Pablo Casado, Teodoro García Egea, no da la impresión de que le haga demasiados ascos a los del partido de Santiago Abascal. Ha dicho que el PP es el único de centroderecha con un programa alternativo al PSOE, y en cuanto a cómo calificar a VOX, solo dice que, seguro que no son de izquierdas, pero que están por definir. Más que críticas de unos a otros, parece que estuvieran preparando el terreno.

Por eso, estas declaraciones inquietan, y mucho, porque si el PP tiene entre sus ensueños a corto plazo, una posible coalición con Ciudadanos y con Vox, para alcanzar el Gobierno andaluz, quiere decir que, en la arena de los comicios generales tampoco tendrá muchos problemas en asociarse con ellos. Y ahí, se acabó la gracia, señor Casado: si usted siquiera se plantea ir de la mano con un partido que nos retrotrae a tiempos de dictadura, apaga y vámonos.

Juegan con fuego en un terreno demasiado peligroso para la sociedad por la que dicen velar

Porque verá, lo que su segundo de a bordo no rechaza y usted, al no recriminarle alienta, supone que, de ser así, ustedes y Ciudadanos estarán diciendo que ven con buenos ojos la diferenciación de nuestra sociedad por razas, la mano dura con los sexualmente diversos, la disolución de las autonomías, la economía volcada hacia quienes más tienen. Más aún, la educación prioritaria para una minoría, el ejército como solución contra los que se opongan, las leyes duras para que nadie proteste, el fin de la libertad de expresión, la liberalización del suelo y la urbanización salvaje. Conclusión, la mayoría de los logros sociales y de los derechos que tan duramente hemos conseguido.

Como en otros países europeos que nos sirven de referencia, caer en las manos de la ultraderecha supone dar de lado a la Constitución, a la que ustedes dicen respetar y defender, e ignorar una parte de los derechos humanos. El hecho de que se permitan pensarlo y expresarlo en voz alta, supone que ese centro derecha del que tanto cacarean no es tal, y que en las filas de lo que usted representa hay demasiado carca, deseoso de reencontrarse con los suyos. Juegan con fuego en un terreno demasiado peligroso para la sociedad por la que dicen velar. Expone usted una necesidad desaforada de retomar el poder cueste lo que cueste, haciendo lo que haga falta, incluso traspasar la frontera del mal.  Mire bien qué pasos va a dar: Vender el alma al diablo tiene un alto precio y lo malo es que nos tocaría pagarlo a todos.