La andadura de las tres derechas ha empezado mal en Madrid. Vox amenaza al Partido Popular con hacer público su acuerdo, por lo que podemos suponer que se trata de un acuerdo vergonzante. La transparencia democrática puede permitir negociaciones discretas, pero nunca acuerdos de gobierno secretos. Y mucho menos que esos acuerdos sirvan para que un partido chantajee a otro.

“Quedamos en el compromiso de no filtrarlo pero, si lo siguen cuestionando, no quedará más remedio” dijo Rocío Monasterio, la número 1 de Vox en la Comunidad de Madrid. Y tan contentos. El PP intenta explicar lo inexplicable y Ciudadanos, mientras tanto, se pone de perfil, como si la cosa no fuera con ellos.

Mientras la caverna mediática toma estos hechos escandalosos con total naturalidad, lleva en las portadas de ABC y La Razón un lamento por la supuesta entrega de Navarra, por parte de Pedro Sánchez, al separatismo vasco. Y al mismo tiempo, pese a lo visto con las tres derechas en Madrid, todavía alguno tiene la desfachatez de llamar Frankenstein 2 al muy probable próximo gobierno socialista.

Desde PP y Ciudadanos se vuelve a uno de sus mantras favoritos: Sánchez y los batasunos. Ya está bien. ETA ya no existe, aunque algunos parecen desear su presencia, para abonarse al cuanto peor, mejor. Pedro Sánchez no ha entregado Navarra a nadie. Bildu, el gran problema de la derechona, ha estado en el Gobierno de Navarra en los últimos cuatro años y Navarra sigue siendo Navarra. Ahora no estará y, sin embargo, nos encontramos ante una nueva pataleta frente al supuesto apocalipsis que se avecina.

Nadie me tiene que explicar qué fue ETA ni el daño que hizo. Hoy nos podemos felicitar de su disolución y de poder vivir tranquilos, aunque estos irresponsables derechones sigan agitando el fantasma del terrorismo vasco. Como muchos españoles, tuve que enterrar a un amigo, víctima de los asesinos. Un político que fue un ejemplo como tal y como persona: Ernest Lluch. Él optaba por el diálogo y siempre fue partidario de tender puentes. Seguramente estaría orgulloso de la situación de normalidad actual. Que la banda terrorista ya no exista y que el nacionalismo vasco haya optado definitivamente por la política y no por las armas, es la mejor noticia que podamos dar, salvo para los que se quieren aprovechar del conflicto y parecen ver un problema en su finalización. Su mezquindad no tiene límites.

Los hechos son tercos y ya han demostrado que un acuerdo de investidura puede no significar un acuerdo de legislatura. Pedro Sánchez se vio obligado a convocar elecciones anticipadas, por la falta de apoyo a sus presupuestos por parte de los mismos nacionalistas que lo habían llevado a la presidencia del Gobierno, con la recordada moción de censura.

Algunos deberían dejar de mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. El gobierno Frankenstein parece estar en Madrid, y no precisamente en la Moncloa.

Enric Sopena es Presidente Ad Meritum y fundador de ElPlural.com