El día después de la investidura de Mariano Rajoy se escuchaba, en algunos mentideros, que el presidente tenía la sartén por el mango con la nueva situación. Según los cálculos de estas “tertulias de Madrid”, que Emilio Romero pintó en aquel convulso año de 1981, Rajoy casi desearía que el PSOE le bloquease la gobernabilidad.

De esta manera, tendría la oportunidad de convocar unas nuevas elecciones en las que recuperaría la mayoría absoluta o, al menos, una buena posición que no le permita depender de tantos y tan variados diputados. Y, todo esto, con el calendario del macrojuicio Gürtel soplando a favor, al estar la trama ya vista para sentencia y las declaraciones comprometedoras más que amortizadas.

Como suele ocurrir con estas teorías, buena parte no se sostiene por sí misma y así nos lo hicieron saber nuestros colaboradores, Los Genoveses, en su análisis sobre la simbiosis entre el calendario mariano y el judicial. Porque las causas por corrupción contra el Partido Popular son tan numerosas y variadas como los realities de Telecinco, y cuando una acaba empieza otra nueva: a las cinco piezas separadas de la Gürtel hay que sumar las desconexiones territoriales, en forma de Púnica, Taula, Acuamed, Palma Arena

Pero, lo que es más importante para este análisis de los tiempos que manejaría Rajoy, es que la corrupción es una variable que queda aislada en todas las ecuaciones, como ha demostrado el barómetro del CIS de este lunes.  La encuesta se realizó en un período clave, entre el 1 y el 10 de octubre, cuando los cuchillos volaban en Ferraz pero también mientras los célebres imputados de la Gürtel y las tarjetas black hacían el paseíllo en la Audiencia Nacional.

El resultado, una vez más, es que el PP es inmune a la corrupción y sacaría el doble de votos que el PSOE de celebrarse unas nuevas elecciones. Lo que prueba la anosmia del votante del PP, incapaz de detectar la putrefacción ética de su partido, frente al sentido crítico del votante de izquierdas, que ni siquiera perdona la división interna y, mucho menos, las conspiraciones de salón.

Es cierto que el sorpasso de Podemos ya fue anunciado en otro barómetro y, al final, no se produjo. Pero no es menos verdad que eran los tiempos del No es no, no se había consumado el golpe palaciego y ni siquiera entonces el PSOE bajaba de una expectativa del 20% de los votos, y ahora se le sitúa en el 17%.

Desde el PSOE ya han respondido que no se creen la encuesta, y tienen todo el derecho a creer que hay manipulación en la cocina del CIS, que Soraya Sáenz de Santamaría está detrás y que los Reyes Magos existen. Pero harían bien en tener preparado un discurso diferente si se llega a producir esa hecatombe, porque al menos Pedro Sánchez podía presumir de haber frenado el sorpasso.