El pasado viernes, el diputado de Bildu, Oskar Matute se grabó un vídeo frente al buque de la Armada Juan Carlos I, atracado en Getxo. Más allá de su cuestionable dicción y el viento que saturaba el micrófono, Matute defendía una posición criticable pero legítima: no querían allí un barco bélico ni que se usase su presencia para reivindicar la españolidad de Euskadi. Entre las respuestas a su vídeo, destacaban las de Albert Rivera y Toni Cantó, dirigentes de Ciudadanos, un partido que se cree de centro. El primero, le echaba en cara a los “asesinados por tus amigos de ETA”. El segundo directamente le llamaba “filoetarra”.

Tras varios años aguantando la etiqueta de terroristas por parte de sus compañeros de Cámara, a pocos parece sorprender que haya un fiscal que se dedica a calumniar a diputados y senadores que no comulgan con sus ideas. Primero agazapado en el anonimato, y ahora crecido ante el espaldarazo de sus superiores, el fiscal Jorge Bermúdez “abre fuego” (sic) contra el senador Jon Iñarritu a sabiendas de que los delitos cibernéticos que tiene encargado perseguir no se aplican contra él.

Lo que empezó con el calificativo de “tontopolla” contra Iñarritu por pedir observadores internacionales en el juicio del procés pasó después a la calumnia de vincularle con “tiros en la nuca y tuppers de amonal”. Lo bueno de ser el encargado de perseguir el ciberacoso en Guipúzcoa es que acabas mejorando la técnica para tu cuenta trol particular.

La misma Fiscalía que durante años se ha encargado de perseguir a raperos, tuiteros y titiriteros no cree que haya que sancionar a Bermúdez, más bien lo contrario. Las diligencias abiertas contra él se han cerrado sin expediente porque el inspector considera que los insultos y amenazas que realizó se hicieron dentro de su “actividad privada”.

Basta repasar sus intervenciones más polémicas para, cuando menos, dudar de esta versión. Su famoso “tontopolla” fue un martes de enero, a las 13:12 horas. Un viernes de noviembre cargaba contra Teresa Jordà, diputada de ERC, a eso de las 12:00 horas. Y un jueves de octubre de 2017 llamaba “imbéciles” a los señores independentistas. Son solo algunos de sus tuits más polémicos, realizados en horario de oficina y muchos desde “Twitter Web”, así que posiblemente desde su ordenador. Por lo que solo caben tres opciones: que se hubiese cogido el día libre para insultar a catalanes y vascos -no sé si esto lo cubren los asuntos propios-, que aprovechase las pausas de descanso para remojar sus mensajes de odio en el café, o que usase su actividad profesional para trolear a políticos independentistas.

 

Captura Fiscal Delitos Cibernéticos contra independentistas catalanes

 
Captura de tuit de Fiscal de Delitos Cibernéticos contra otro independentista

Por otra parte, la actividad privada de un funcionario público siempre es cuestionable. Para empezar, porque Bermúdez no deja de ser fiscal cuando cuelga la toga, ni siquiera en la cafetería. Y para continuar, porque podríamos llenar páginas sobre administradores de Justicia que han acabado recusados y aparatados de casos por su amistad, parentesco o relación con acusados y acusadores. Relaciones todas que partían de su vida privada y afectaban a la pública.

En cualquier caso, todo esto es el dedo que señala, mientras que la luna, su falta de imparcialidad, se nos escapa. El respaldo que ha dado la Fiscalía General del Estado a sus mensajes de odio ya ha provocado que Bermúdez acreciente su actividad y haya pasado a la amenaza directa con frases como “arrieritos somos” o apelando al refrán de que a cada cerdo le llega su San Martín.

Que te amenace un piernas en Twitter es preocupante, que se lo digan a Andrea Ropero, por ejemplo, pero que lo haga un fiscal tiene un cariz diferente. Porque, si un día a Jon Iñarritu se le calienta la boca o el dedo en sus redes sociales, podría tener enfrente a Bermúdez con toneladas de aversión escondidas bajo la toga. O peor aún, algún loco podría amenazar a Iñarritu con pegarle un tiro en la nuca o ponerle una bomba bajo su coche, y el fiscal podría pensar que le ampara las misma libertad de expresión con la que la Fiscalía le blinda a él.