El desenlace de la crisis siria resulta de gran interés en la presente era post-Iraq, porque supondrá un precedente crucial para las futuras actuaciones de los gobiernos que se autoproclaman representantes de “la comunidad internacional”. ¿Se mantendrá el criterio del respeto a la legalidad internacional que emana del acuerdo en Naciones Unidas o volverá a imponerse la ley del más fuerte?

Los únicos hechos contrastados hasta ahora consisten en la matanza de cientos de seres humanos en Siria por medio de agentes químicos por identificar. Algunos gobiernos responsabilizan de la masacre al régimen de Al Asad, sin que hayan presentado públicamente prueba alguna. Otros gobiernos niegan la autoría de Al Asad, y la gran mayoría desconoce qué ha ocurrido realmente. Los inspectores de la ONU aún no han emitido conclusiones y se duda de su capacidad para un veredicto definitivo sobre la autoría. No obstante, las Administraciones de los Estados Unidos y de Francia han dado a conocer su decisión unilateral de “responder con contundencia” al “traspaso de esta línea roja moral” en el incumplimiento de la legalidad internacional, mediante una “acción limitada” de bombardeos selectivos sobre instalaciones del gobierno sirio.

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