La facilitación del despido y la desregulación de las relaciones laborales, impulsadas por el Gobierno del PP, ya eran razones suficientes para legitimar una gran movilización social. Pero los sindicatos, en representación de trabajadores y parados, esgrimieron con razón también la denuncia de que al socaire de la crisis, la derecha política y económica está quebrando consensos sociales básicos en nuestro país. La reforma laboral acaba con el tradicional equilibrio de poderes entre empresarios y trabajadores en el seno de la empresa, desarmando por completo a estos últimos en la defensa de sus condiciones laborales, sea en materia salarial o sea en flexibilidad horaria.

Seguir leyendo en el blog de Rafael Simancas