En la España presente del liberalismo cristiano, la sumisión del mandatario azul a los dictámenes alemanes, sitúa a nuestro presidente – el de "todos" – en un jefecillo de turno más preocupado en gobernar para los mercados que para el interés ciudadano. Esta característica distintiva de nuestro líder de noviembre, es la que lo ubica en el lienzo de los hombres de Gobierno. Lienzo dibujado con los trazos del corto plazo y las luces y sombras de los contrastes barrocos. Esta perspectiva de políticas parciales inclinadas hacia la satisfacción del interés del capital en detrimento de las angustias civiles; sitúa a nuestro país en un horizonte cercano de postmodernidad neoclásica basada en las cuatro reglas del credo americano.

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