Hablamos, claro, del acto organizado por la Fundación DENAES con José María Aznar de invitado estelar, quizás ya sepan, porque se la anunciábamos hace unas horas y sobre cuyo contenido les informa aquí al lado ELPLURAL.COM con amplitud. Así es que no vamos a decir nada de lo dicho. Sólo de lo visto.

Exministros y francofalangistas
“La cosa” empezó con el retraso que manda la educación en estos casos. El ‘speaker’ tomó la palabra para anunciar a los presentes lo más granadito que había entre los presentes. Y ahí empezó el tufillo. A ver si recuerdan alguno de estos nombres y les ponen fecha y ministerio: Astarloa, Acebes, Mayor Oreja… El mismo olorcito entre los representantes del mundo de la prensa y “la cultura”: Amando de Miguel, Herman Tertsch, Cristina Schlichting… En las demás mesas, trajes y perlas que mezclaban con algunos vaqueros y camisas  a cuadros, que algunos francofalangistas no olvidan que ellos son “familia y muncipio”, sí, pero también “sindicato”.  

Después de las presentaciones, el conductor de la ceremonia “recordó” a los presentes que en DENAES hacen honor a su nombre, ya saben Defensa de la Nación Española, y que sus actos se inician y se cierran con la interpretación del himno seguido en pie y en posición de firme. Y dicho y hecho, todos los que allí estaban pasaron a escuchar el himno, versión completa, en pie y tiesecitos. Entre los más marciales, por cierto, la señora de Aznar y prealcaldesa de Madrid, aunque esto último igual no tanto, que parece que el líder del PP (no, no el marido de la señora Botella, sino el líder vivo, Rajoy) , está mirando la forma de evitarles a los madrileños esa suerte. Al himno se le puso punto final, como está mandado en los cuarteles y, a lo visto, en otros sitios, con el grito de rigor. Un “¡Viva España!” coreado con un “¡Viva!” atronador y convencido.

No todo es defendible en democracia
Llegaron entonces los discursos. Primero el de Santiago Abascal, vasco ultra (ultrapopular y ultranacionalista –no vasco, español-),  fundador de la Fundación que organizaba el acto, que aclaró muy bien por qué a algunos les preocupa tanto el fin de ETA y lo puso en palabras: “no todo es defendible y plausible en democracia” –dijo- “no lo es, faltaría más, la disolución de la unidad nacional”.

Y luego habló él, José María Aznar. De lo que dijo, como apuntamos más arriba, ya cuenta ELPLURAL.COM en otro sitio. Sólo desvelarles que antes de empezar a leer su discurso, como si necesitara justificar su presencia allí, el azote del Movimiento de Liberación Vasco, el presidente de FAES, el amigo de Bush Jr., el hombre de Murdoch…, descubrió que llevaban cinco años invitándole y que este año sí, este año, cuando el PP está, según las encuestas, a punto de regresar a hacerse con el gobierno, cuando a él en Génova buscan arrinconarle porque cada vez que abre la boca moviliza unos cuantos de miles de votos en otro lado, este año sí le cuadraba hablar.

El discurso ya estaba “chupado”
Pero ayer era jornada de “ya vistos”, y también fue de “ya oídos”. Porque incluso el discurso tenía tufillo. En concreto, era un discurso ya “chupado”, de “segunda mano”. Vamos, que Aznar ya lo había pronunciado. Lo dijo él, que no engaña nunca, ya saben, en el minuto uno de su intervención –“hace un año pronuncié unas palabras que quisiera recordar literalmente”-, y lo volvió a decir 6 folios y veinte minutos después, cuando advirtió que a lo que acababa de repetir “hoy sólo tengo que añadir una cosa: que sigo pensando exactamente lo mismo”.

“¡Uf!” debieron suspirar, relajados, ayer en Génova cuando les contaran la escena.  Porque por allí no sólo no apareció nadie que les pudiera preocupar, ni siquiera se asomó Esperanza Aguirre, sino que toda la ceremonia tuvo una pinta innegable de museo de cera más o menos viviente.