Apenas continúan apareciendo peligrosos explosivos en torno a la corrupción. Todo aquello, sin embargo, va desapareciendo en el cuartel de la opinión pública. La tormenta inacabable  ha pasado. Así, al menos, lo parece. Don Mariano gana y punto pelota. Hay, eso sí, rebotes que apuntan al presidente, ese hombre silencioso que dice, cada dos por tres, que él no aguanta “líos”.

Con la Renfe del dictador, casi siempre llegaba el tren con demasiada tardanza. La Justicia, por su parte, no es rápida. Abundan razones sólidas para entender que no son los jueces, en general, quienes frenan tardíamente a la Justicia. El presidente del Gobierno es un crac a la hora de escullirse.

Ha conseguido además salir indemne de tantos asuntos graves, que podían haberlo destrozado. Quienes creyeron, como Felipe González, que era conveniente un pacto entre la derecha y la izquierda, se equivocaron de abajo arriba. Venció la derecha en las urnas y teniendo, a la vista, con una izquierda desbordada. Mientras tanto, cierto es que la lentitud judicial avanza, a veces, pero con numerosos problemas por medio.

Y, cuando a través de los medios, es fácil ver a delincuentes de camisa blanca entrar y salir de no se sabe a dónde, se van protegidos entre ellos. No todos son iguales, y muchos han surgido de los tiempos de antaño, con José María Aznar repartiendo millones, de las entonces pesetas, a amigos como Blesa que recibió del expresidente multitud de hazañas, nutridas de dinero público y no público. Así comenzó la trama de la Gürtel.