Esteban también es valenciano para vergüenza de demasiados. Se las da de centrado -lo mismito a lo que ahora juega su jefe- y de simpático. No cesa de demostrar que no es ni una cosa ni la otra. Es la voz de su amo.

Si don Mariano no fuera como él y como los de su calaña, ante tal metedura de pata lo agarraría de las orejas hasta que aprendiera que determinadas cosas no pueden hacerse: hieren la sensibilidad de la ciudadanía. Y con esas cosas no se puede jugar nunca, pero menos en época de confrontación política ante unas inminentes elecciones generales en las que nos jugamos demasiado.

Lo que sucede es que con el fin de ETA están muy nerviosetes estos del PP. ETA ha claudicado bajo un Gobierno Socialista. La ira y la bilis es incontenible. Pienso en el pobre Aznar. Podrá ganar mucho dinero con sus conferencias y asesorías a los Murdoch & company, pero su mayor codicia -el fin de la banda armada- la ha protagonizado un socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado de la inteligencia del ahora candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y es que hay cosas que el dinero no puede comprar. La parca nos iguala a todos, a ricos y pobres. Es la gran justa, aunque imparte equidad demasiado tarde.

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