Empresas que nacieron en un garaje

En 1903, dos jóvenes de 21 y 20 años (William Harley y Arthur Davidson) crearon un prototipo de bicicleta motorizada que construyeron en el garaje familiar de Arthur. Pocos meses después fundaron la Compañía Harley-Davidson y comenzaron a producir las motocicletas mas famosas del mundo.

En 1938 los jovencísimos Bill Hewlett y Dave Packard se pusieron a trabajar en un trastero donde acabaron montando una pequeña tienda de electrónica que más tarde se convertiría en el imperio que hoy conocemos como Hewlett Packard.

Varios decenios mas tarde, en 1975, Bill Gates y Paul Allen creaban Microsoft como consecuencia de su pasión por la entonces incipiente informática, un juego de niños que iniciaron en 1969 en el garaje de la familia Gates.

Un caso similar fue el de Steve Jobs, fundador de Apple. Chad Hurley y Steve Chen creadores de Youtube. Larry Page y Sergey Brin quienes diseñaron el buscador Google con solo veinte años de edad. Y así un largo etcétera.

Lo que dicen los economistas

Para los expertos en economía no deja de ser un mito la odisea de que unos jóvenes brillantes e inexpertos sean capaces de crear grandes empresas a fuerza de trabajar sin descanso en un garaje, por lo general el de su casa, y junto a un amigo. Y no deja de tener su lógica que opinen así los economistas, ya que estas situaciones son tan fortuitas como pueda serlo convertirse en millonario jugando a la lotería. Es algo posible, sí, pero no es así como debería suceder. Al menos no según las reglas de la teoría económica.
Según los expertos, quienes tienen ideas brillantes y un talento especial para crear una empresa, deberían empezar trabajando en una empresa ya establecida donde pudieran adquirir experiencia. Una empresa donde desarrollaran sus habilidades hasta encontrar, allí, esa “genial idea” que derive en su propia empresa. Es decir: las empresas no deberían surgir en los garajes sino nacer desde otras empresas.

Sin embargo, el primer escollo que nos encontramos si queremos actuar según la ortodoxia que exigen los economista es el fenómeno del paro. Resulta alarmante el número de jóvenes que están en situación de paro y que nunca han trabajado, ni siquiera un solo día en su vida. Lo lamentable es que entre esos jóvenes habrá muchos que estén dotados de ese talento que confiere la genialidad y que no llegarán a desarrollar por no poder integrarse en una empresa donde el germen de su inteligencia llegue a dar frutos.

Busquemos la solución en los garajes
Volvamos a la hipótesis de buscar la salida de la crisis en los garajes pero no pensemos en las gestas de aquellos románticos emprendedores como Harley y Davidson o Hewlett y Packard, sino en el espíritu de “ilusión” y “confianza” que les acompañaba como dos simples palabras que contrastan con la desilusión, la desconfianza, el desánimo, el pesimismo y la falta de proyectos que caracterizan y penalizan a nuestra desencantada juventud que nunca ha trabajado ni alberga esperanzas de hacerlo en un futuro inmediato.

Sarcásticamente, se podría afirmar que los jóvenes españoles lo tienen muy difícil para crear empresas en garajes porque la mayoría de los garajes de nuestro país no son mas que unas virtuales plazas de diez metros cuadrados de superficie y unas líneas amarillas pintadas en el suelo. Alguien comentaba con sorna en una tertulia radiofónica (donde surgió éste mismo tema y que, por cierto, me animó para escribir éste artículo) que muchos garajes de nuestro país no sirven para crear empresas porque están ocupados por los coches de lujo que se compraron en plena burbuja inmobiliaria y que ahora nadie puede mantener mientras se deprecian y envejecen.

El 20-N habría que votar en consecuencia
Quisiera hacer una llamada a la responsabilidad y a la sensatez de quienes estamos convocados para acudir a la urnas el próximo 20-N en unas elecciones que, tal vez mas que nunca, exigirán de nuestra reflexión, nuestra madurez y nuestra capacidad de miras para escoger el futuro que deseamos, al menos a través de los gobernantes que elijamos.

De entrada, las premisas para el voto parecen muy sencillas: los socialistas lo han hecho mal, la crisis ha ido a peor y el paro ha aumentado, luego hay que votar a la derecha por si acaso ellos consiguen invertir la tendencia. Como podrá deducir el lector, este es un planteamiento tan simplista que resulta ineficaz para decidir la orientación del voto de un ciudadano que se tenga por responsable.

Sin embargo, y de cara a las elecciones generales que vienen (quedan justo dos meses), se impone ser racional al valorar la crisis y concluir que, lo mismo que sucedió a principios del siglo pasado, nos encontramos ante un fenómeno global que sería absurdo atribuir al gobernante de un país en concreto, por muy mal que lo haya hecho, solo porque a la oposición le resulte rentable plantearlo como estrategia.

¿Qué ocurrió tras el crack de 1929 y la Gran Depresión?
Resumiré en solo ocho puntos las repercusiones que produjo la depresión económica que siguió al crack de 1929 en los EEUU, pues, aunque histórica y socio-económicamente la situación actual diste mucho de la de entonces, los paralelismos hablan por si solos. Esto fue lo que sucedió tras el crack del 29:
1. Quiebra de la banca
2. Restricción severa de los créditos
3. Desaparición de decenas de miles de empresas
4. Descenso de la inversión y de la renta nacional
5. Alarmante incremento del paro
6. Ineficacia de las medidas anticrisis que condujeron a una segunda recesión
7. La pequeña y media burguesía norteamericana reaccionó buscando soluciones a través de postulados populistas y hasta fascistas.
8. Por efecto dominó, la crisis acabó repercutiendo en toda Europa.
¿Verdad que nos resulta familiar cada uno de estos puntos?

Guía para votar con sensatez el 20-N
Sobre la orientación del voto en los comicios del 20-N tiempo tendremos de hablar en los dos meses que quedan por delante pero, valga como anticipo que debería ser tan práctica como ideológica y metódicamente estudiada para que nadie alcance una mayoría absoluta que sería desaconsejable en una situación que, mas que nunca, requiere de colaboraciones y consensos.

En esta ocasión la disyuntiva no será solo la de votar a “éste” o a “aquél” partido sino depositar la confianza en una filosofía de derechas o en una de izquierdas. Así de claro. Y sobre todo, habrá que ser muy cauto al valorar en que consiste centro que los distintos partidos querrán vender porque, no nos engañemos, siempre ha habido y habrá un sesgo que marque la tendencia y el color hasta en ese punto neutro, teórico y tibio llamado centro. Consideremos que en estas elecciones el votante deberá tener muy claro si quiere derecha o no quiere derecha, si quiere izquierda o no la quiere, aunque lo que vote sea centro estará dando su voto a la derecha o a la izquierda.

Sería conveniente que el votante leyera detenidamente los programas electorales (aunque luego tal vez no se cumpla nada de lo que allí se prometa), reflexionar y llegar a la propia conclusión de en cual de los dos lados, la derecha o la izquierda, encuentra una mayor sensibilidad social para gestionar la salida de la crisis así como unas medidas que perjudiquen lo menos posible a la clase trabajadora. Tanto por lo que la derecha y la izquierda aseguren que harán según sus programas como por lo que históricamente haya definido la sensibilidad social de cada tendencia a lo largo de los años.

Los votantes han de ser cautos y no dejarse embaucar por los discursos demagógicos y las manipulaciones fáciles de quienes tergiversan la realidad y disfrazan de conciencia social lo que no es mas que populismo y hasta fascismo.

Y ya para concluir, bien estaría otorgar el voto a aquellos gobernantes que se muestren capaces de transmitir ilusión y confianza a la ciudadanía y en especial a los jóvenes. La misma confianza que activó los resortes y la ilusión de aquellos románticos emprendedores que fueron capaces de levantar imperios desde unos humildes garajes, unos jóvenes que siguen estando ahí, que son nuestros hijos y de quienes es el futuro.