La obra de Richard Wagner narra la profetizada guerra entre los dioses que llevaría al fin del mundo. Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera están a la greña, aunque sabiéndose dependientes los unos de los otros. Este trío de dioses están en guerra por el mismo espacio electoral, para lo que están arriesgando demasiado. En las encuestas, una semana sube el PP, otra Ciudadanos, y otra, Vox, pero en todos los casos en detrimento de ellos mismos, llevándoles a su autodestrucción, por lo que se augura un cómodo triunfo del PSOE en las próximas elecciones generales.

Pero mal haría la izquierda en confiarse, como ha hecho tantas veces, porque el resultado podría ser desastroso. Y no hay mejor metáfora que lo que ocurrió después de la muerte del compositor alemán: nació el nazismo, que lo tomó como santo y seña a Wagner que, al margen de su indudable talento, fue un reconocido antisemita, y así se desprende de algunos de sus ensayos. Su influencia en Adolf Hitler es de sobra conocida.

Vox el partido que marca la agenda. Vox nace ultraderechista, y PP y Ciudadanos recogen el guante y compiten por el electorado radical

Los tres dioses pelean por el espacio de la ultraderecha, abandonando cualquier idea que les acerque al centro. Esa ultraderecha que campa a sus anchas en algunos países europeos, en los que parece que no se ha aprendido nada del pasado, son la referencia del líder de Vox. Y así lo declara en cada una de sus (pocas) intervenciones públicas.

Y precisamente es Vox el partido que marca la agenda. Vox nace ultraderechista, y PP y Ciudadanos recogen el guante y compiten por el electorado radical. Como prueba, la posición del PP español dentro del PP europeo, votando en contra de abrir expediente a Viktor Orbán –más tarde suspendido por los conservadores europeos-. Mientras los compañeros de viaje de los populares en Europa se ratifican como moderados, el PP español se echa en brazos de Abascal y compra su discurso radical.

PP y Ciudadanos olvidan que los votantes españoles huyen de los extremismos, pero al mismo tiempo saben que el votante de izquierdas, cuanto más ganador se siente, menos se acerca a las urnas el día de las elecciones.

Por eso es tan importante no olvidar. Si el ocaso de los dioses desembocó en el nazismo, la elevadísima abstención en Andalucía llevó a un tripartito marcado por los principios de Vox. El paralelismo es evidente y no nos podemos permitir repetir la historia.