La reforma de ese sistema financiero (cuyo fiasco achacan Emilio Botín (Santander) y Francisco González (BBVA) exclusivamente a los “políticos”) es una de las madres del cordero para poner orden en un agujero por el que se desangra la economía nacional y es mayormente rechazado por la ciudadanía.

Un plan: crédito y vivienda
Básicamente, los dos objetivos que dice perseguir el Gobierno con este plan tienen que ver con la necesaria afluencia del crédito a la economía real, la recuperación de la credibilidad del propio sistema y, finalmente, poner vivienda a bajo coste y de forma masiva en el mercado que al mismo tiempo daría un respiro a los ‘abotargados’ pulmones de bancas y cajas de ahorro por sus activos “tóxicos” en forma de ladrillos.
Nadie en su sano juicio cuestionaría hoy esos objetivos; el asunto es si con estas medidas (que al final también persiguen aligerar el elevado número de entidades financieras que pululan malamente por las cañerías bancarias españolas), que se ha echado al coleto el atribulado De Guindos, es posible capear el temporal y sentar las bases para algo sólido y creíble a medio y largo plazo.

Por el momento, lo único que se detecta en los mercados (al final los que terminan por imponer su ley en una situación u otra) es escepticismo, prudencia y espera.

Los banqueros/bancarios
Parece obvio que de resultas de la reforma (antes del 31 de mayo tienen que estar listo todo el proceso) van a quedar a lo sumo siete u ocho entidades en el mercado. A unos les parece poco (usuarios) y a otros mucho (BBVA).

Lo que nadie discute es el hecho de que a partir de este Decreto ningún alto ejecutivo de entidad que reciba dinero público podrá percibir más de 600.000 euros anuales por su trabajo frente a los casi tres de media que muchos de ellos recibían actualmente.

Sinceramente, la medida me parece de perlas, como al cien por cien de los ciudadanos españoles. ¡Ya era hora!

Extender la medida
Incluso, si se me apura, la medida se queda corta. La misma podría extenderse también a los bancos y cajas que no reciban dinero público porque con 600.000 euros, más mamandurrias de todo tipo (coche, visa, gastos de representación, etc…), se puede vivir como un rico sin temor a terremotos. No hace falta olvidar cuál es el salario medio en España que apenas supera los mil euros sin mencionar a los más de cinco millones de parados. Ese es el contexto básico.

Y me apuntaría también a que la medida se extendiera, asimismo, al resto de las empresas sean públicas o privadas o el sector en el que oficien. Me da igual el ultraliberalismo al uso que pondría el grito en la caja. Porque el poder público está precisamente para eso. Y cobrar tres millones de euros por un trabajo (algunos se van hasta los 13 ó 14 millones de euros por doce meses) parece antes, ahora y después una obscenidad injustificable e intolerable.

Ironías
¡Qué ironías tiene la vida! ¡Quién nos iba a decir que el antiguo jefe ibérico de Lehman Brothers (donde estalló la primera burbuja explosiva y nuclear) se convertiría en el aguacil de unas medidas que el pueblo llano llevaba muchos años pidiendo a gritos. ¡O quizá por eso!
Este Luis de Guindos fue banquero antes que fraile en la orden de san Mariano.

Sea como fuere y con quién fuere, parece haberse acabado ya el tiempo de los anuncios: es el momento de la piqueta en mano.
¡Caiga quien caiga!