Después de cinco años de una profunda y devastadora crisis, los ciudadanos estamos hartos de brotes verdes que nunca crecen y de síntomas de recuperación que no acaban de consolidar. Tenemos que superar el pesimismo y la resignación, sin duda, pero con realismo y determinación, no con exageración y demagogia.

La grandilocuencia del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, transita justo por el camino que conduce al hastío y al alejamiento ciudadano de la política. Con seis millones de parados en este país, ¿cómo se puede sostener sin sonrojo que somos “el ejemplo del mundo” y el “éxito económico”? ¿Estamos “rompiendo pronósticos” con sólo 31 parados menos en agosto, a razón de uno menos al día? Suena a chiste de mal gusto. Habrá que interpretar este exceso de Montoro en un intento de elevar la moral a una militancia del PP alicaída y desencantada.

La sociedad española, en cambio, está cansada de este tipo de soflamas propagandísticas, que se ven como una falta de respeto, como una tomadura de pelo. Habría que pedirle al ministro algo más de mesura y que ponga los pies en el suelo. Las heridas de las crisis son aún demasiado evidentes y graves como para remediarlas con una tirita dialéctica. Hechos. Se necesitan hechos.

 

* Miguel Ángel Vázquez es periodista y Portavoz del Gobierno andaluz