La prueba empírica de esta paradoja temporal no parece que vayamos a poder verla, dado que la llegada del PP al Gobierno ha supuesto el fin momentáneo de Cuéntame. Esto supone un alivio para Mariano Rajoy, que con lo que le ha costado ganar unas elecciones, no debe tener muchas ganas de que Felipe González vuelva a hacerlo en la televisión.

Pero el adiós de Los Alcántara no es por este  motivo, sino por el hachazo que ha dado el Gobierno al presupuesto de RTVE, lo que ha llevado al ente suspender sus mejores series. La medida tiene sentido dado que, si de lo que se trata es de volver a la época de Aznar, no hace falta tanto dinero para los desfiles de ropa interior de José Luis Moreno o los monográficos sobre el arte de la copla.

En cualquier caso, Rajoy no quiere defraudar a los espectadores de Cuéntame, así que los nostálgicos podrán saciar su sed de pasado sintonizando el Telediario. Para ello, el Gobierno se está esforzando en un plantel de medidas que nos ha catapultado hasta los años 80, pero sin la Movida Madrileña, que los punkis ensucian mucho y esta vez, seguro que sí, nos dan las Olimpiadas.

Los jueces se elegirán ellos mismos, como entonces. Las mujeres tendrán que volver a mentir para poder abortar sin ir a la cárcel. Nuestras políticas vuelven a llevar mantilla y pasearán por calles que otra vez se engalanan con nombres de vírgenes. La cadena perpetua ha regresado, pero con otro nombre, para que no nos recuerde a la película de Tim Robbins, que encima de rojo se junta con negros.

La píldora del día después dejará de ser libre: en Madrid habrá que volver a los callejones de Callao, en día laborable, a mendigar a los servicios de planificación familiar de Ana Botella. Y los maridos podrán volver a pegar a sus esposas con la tranquilidad de que nadie les asesorará sobre como denunciarles, porque los servicios contra el maltrato dejan de recibir fondos allí donde el PP coloca su bandera.

Quienes ponían el grito en el cielo cada vez que el gobierno socialista promovía una ley que no fuera económica, ahora se olvidan de “lo que interesa a los españoles en su conjunto”. El paro sigue desbocado, el crédito no fluye, los ciudadanos siguen perdiendo sus casas… pero ahora lo que toca es llevar a cabo una contrarreforma total. Que no quede nada del falaz Zapatero, el hombre que hurtó al PP su triunfó con las bombas de Atocha. Todo fue una pesadilla de la que hemos despertado un 15 de marzo de 2004.

Cuando Rajoy ganó las elecciones, muchos bromearon con amargura: “Hemos pasado de tener el peor presidente de la democracia al tipo que perdió dos veces contra él”. El gallego no sólo va camino de hacer moderado a Aznar, sino que en un mes ha hecho bueno a Zapatero. Y los que decían que lo mismo era PP que PSOE ahora se tirarán de una oreja y no alcanzarán la otra. Con Zapatero éramos igual de pobres que ahora, pero al menos vivíamos en el siglo XXI.

Marcos Paradinas es redactor jefe de El Plural