Otro capítulo ominoso del “cambio” –vocablo convertido por la derecha en el cervantino bálsamo de fierabrás, que  viene a ser una tomadura de pelo- se ha producido en TVE. Fran  Llorente, director de informativos, ha vuelto a ser objeto de las iras populares. Los genoveses andan desde hace mucho tiempo acosando a Llorente y aseguran que habría ya que “cortarle la cabeza”.

Historia pánica
Se han inventado una historia pánica y a vivir que son dos días. ¿Cómo pueden los inquisidores del marianismo –que, no nos engañemos, son los sucesores del aznarismo- soportar la dignidad periodística del  mencionado Llorente y de su equipo de colaboradores?  Sueñan con reconquistar TVE y les importa un pito la libertad de expresión y de información.

Sin debates políticos
A los inquisidores cobijados en la caverna mediática les irrita solemnemente que, durante  más de siete años,  TVE no haya estado en manos  ni un minuto de los urdacis de turno. No había entonces –con Aznar en la cumbre de su mayoría absoluta- ni un solo debate político. Los que había en RNE eran por lo general floreros al servicio de la causa gobernante. La Televisión pública del Estado ha brillado ahora -internacionalmente incluso- con sus telediarios y su programación  global.

Espejo de pluralismo y de veracidad
TVE ha sido, gracias al Gobierno Zapatero, un espejo de pluralismo y básicamente de información veraz. Nada que ver, ni por casualidad, con Telemadrid, Canal 9, la actual televisión de Castilla-La Mancha y algunas más que van girando sin ambages hacia posiciones más o menos ultramontanas. Veremos pronto el alcance del “cambio” relativo a  TVE. Veremos probablemente la privatización de las televisiones autonómicas, utilizando la coartada de la crisis. Mera fachada.

En manos amigas
Lo que pretenden Esperanza Aguirre y los presidentes populares de las distintas  autonomías, casi todas ellas regentadas por la derecha, es que sus televisiones acaben en manos amigas. Por un lado, los propietarios de las teles se enriquecerán y, por el otro, sus directivos no tendrán que dar explicaciones a nadie, como a pesar de todo deben a día de hoy hacer. Pero, en fin, harán de su capa un sayo. Y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Así será el “cambio” cacareado del emperador Rajoy I.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM