Abunda en las altas esferas un estereotipo de individuos que aunque simulen tener conciencia social sólo actúan por sus ansias de acumular dinero y poder. La psiquiatría los llama psicópatas aunque la inmensa mayoría nunca matan (al menos directamente) como sucede con los asesinos en serie de la ficción.


Se caracterizan por ser mentirosos y narcisistas, manipuladores con gran encanto en apariencia aunque por dentro sean gélidos y ajenos a los afectos que fingen. Adictos al poder y al dinero, son impacientes, buscan recompensas inmediatas a sus anhelos, se creen inmunes a las consecuencias de sus tropelías, rechazan normas y leyes, delinquen con facilidad sin mostrar vergüenza o arrepentimiento, carecen de emociones (que no obstante fingen), muestran una nula ansiedad ante el peligro (circunstancia que les impele a actuar con premeditación y una falsa valentía que no es mas que  irresponsabilidad debida a su incapacidad para sentir temor) y eluden con frecuencia a la justicia falseando creíblemente la realidad y negando lo que se les imputa.

Sigue leyendo en el blog de Alberto Soler