A la espera de si el Gobierno declara la calle Ferraz como zona catastrófica después de lo ocurrido este sábado, los socialistas van restañando poco a poco sus heridas. O, en el argot susanista, se dedican a “coser” la brecha abierta entre ellos. La tarea, desde luego, tiene pinta de ser ardua y es posible que tengan que acudir para ello a la máquina Singer con la que Federico Trillo remendó la gigantesca bandera de España de la plaza de Colón. A lo mejor la gestora del PSOE consigue con esta idea un descuento, dada la importancia que dan al españolismo y el miedo declarado a que Pedro Sánchez pudiera coquetear con los “que quieren romper España”.

Mientras aún se lleva a cabo el recuento de bajas en la lucha de poder, el único vencedor de la contienda, a todas luces, ha sido Mariano Rajoy. Sea como sea, el líder del PP tiene asegurados ya cuatro años más de Gobierno y sólo le queda elegir si la Presidencia la quiere para tomar o para llevar.

Dos son las opciones que se abren ante Rajoy: esperar la abstención que promulgaban los amotinados del PSOE, con la boca más o menos pequeña, o convocar unas terceras elecciones que serán para él un paseo triunfal al trote cochinero. De momento, los vencedores del motín de Ferraz no se atreven a defender la abstención, porque ya sería la repanocha que apostasen por esa posición y que al día siguiente Rajoy optase por unas nuevas elecciones. En ese caso, el sorpasso sería el menor de sus problemas.

Además, los populares ya han enseñado la patita y han movido ficha hacia unas terceras elecciones. La prueba está en la iniciativa presentado por el grupo parlamentario del PP para cambiar la ley de manera que, si hubiera unos nuevos comicios, no tuvieran lugar el día de Navidad, como ellos mismos habían forzado para presionar a un PSOE que ya no necesita que lo aprieten más. Es decir, el PP se ha hecho un guiso a lo Juan Palomo más económico que el menú del día en la cafetería del Congreso.

Ante la posibilidad de unas terceras elecciones en las que el PP quiera arrasar ahora que tiene cautivo y desarmado al Ejército Rojo, el único que ha alzado la voz ha sido Emiliano García-Page. El barón manchego ha amenazado a la derecha con la idea de presentar “la candidatura más potente que se puedan imaginar”, sin aclarar si su idea es que el cabeza de lista socialista sea el Megazord de los Power Rangers. En cualquier caso, la invectiva ha debido causar menos miedo en Génova que un niño con una pistola de agua.

Lo más increíble de esto, una vez más, es la demostración de cuán efectiva es la estrategia de Mariano Rajoy de esperar a que sus problemas se arreglen solos, por mucho chiste que hayamos hecho sobre su filosofía vital. Sólo ha tenido que encenderse un puro, sentarse a mirar, y la Presidencia le llegará, de nuevo, regalada. O, parafraseando una de sus máximas, el Gobierno de España es “como el agua que cae del cielo sin que se sepa exactamente por qué”.