Ya nos hemos sumergido en una nueva realidad virtual: año nuevo. Sabemos, de sobra, que no hay nada nuevo bajo el Sol: nuestra identidad no se ha modificado; nuestra vida no ha cambiado; nuestros dirigentes son los mismos; nuestras miserias idénticas; nuestras dificultades permanecen; nuestras aspiraciones tienen que seguir esperando; nuestras pretensiones se siguen viendo aplazadas; nuestra pobreza sigue aumentando; nuestro agotamiento continúa creciendo; nuestra indignación no se mitiga; nuestro deseo, sigue siendo el mismo. Pero el año sí que es uno nuevo, joven, imberbe, un niño.

Todo son ilusiones perceptivas. Las gentes que se comieron las uvas, creían que sus deseos e intenciones serían atendidas si se concentraban en ellas, mientras deglutía los acumulados granos, con o sin binza. Era cuestión de no dejar ningún grano exento, habían oído. Se afanaban todos en ello. Los que no la comieron, despreciaron un momento mágico, porque siendo a los cinco minutos transcurridos los mismos, unos y otros, los de las uvas habían disfrutado de la ilusión de un cambio, mientras que los otros habían perdido esa pequeña oportunidad. Es posible que algunos de los descreídos de la magia de las uvas, se arrepintieran durante el proceso, recordando otros tiempos en que creyeron en la suerte asociada a la ingestión de los granos dorados. En todo caso, unos y otros percibieron durante unos segundos, la intimidad desnuda, sin vestimenta, desprovista de cobertura, la que permite saborear tu propio yo y sus circunstancias.

En cualquier caso, son estos tiempos, momentos de reflexión, se quiera o no, porque el entorno propicia el balance. Incluso la comparación con otros conocidos y sus circunstancias. Las posibilidades que se ofrecen, se examinan, aunque sea someramente y las probabilidades que se tienen, se analizan, siquiera sucintamente. Y se extiende el periodo de reflexión cuando se incorporan nuevos elementos de análisis, como son los sorprendentes regalos que nos suelen afrentar de repente, cuando damos la vuelta al calendario: medidas que entran en vigor; subidas de tarifas de electricidad, transporte, autovías y mil productos derivados, afectados o no por los anteriores. Todo parece indicar que estas subidas de primero de año, son las que disparan a las restantes, que no nos abandonan y se incorporan progresiva y subrepticiamente.

Este año tenemos la ventaja de que algunos de los asaltos posteriores ya están anunciados y asegurados, desde el comienzo del mismo. La electricidad tendrá subidas que completarán la disparatada gestión que, al final, ha acumulado un agujero financiero del tamaño del de Bankia, ¡nada menos! Si reparamos en ello, concluiremos que bien puede valer un segundo rescate, bancario como gustan en denominar nuestros gobernantes actuales, y rescate a secas, como la realidad evidencia. La electricidad bien vale un rescate. Con las entidades financieras incrustadas en el accionariado de las eléctricas, se tiene la ventaja de que ya saben manejarse en el despiadado mundo de los rescates. Es cierto que, de otras ambigüedades de otros años (los dos anteriores de gobierno del PP) este año estamos exentos, dado que ya no quedan muchas materias que no hayan negado, para luego desmentir con los hechos sus pronunciamientos: salario base sin modificar; jubilaciones devaluadas; contratos insignificantes y deplorables; seguridad social en ruina; copagos; enseñanza privatizada e ideologizada hasta las cachas, sanidad externalizada, privatizada y fulminada; camas preparadas para que los dirigentes del PP se retiren de la política activa y pasen, sin soluciones de continuidad, a una realidad amañada de antemano; arcas públicas vaciadas por mil y un procedimientos; abortos eclestializados, incluso contra la opinión de sus huestes; amenazas de entrada a saco en el mundo de la seguridad con intenciones de establecer ”otros órdenes” más de su gusto, donde las concertinas son elementos de armonía. Como todo esto y algunas cosas más, ya disfrutamos de ellas, ya no serán diferidas, ni nos sorprenderán. ¿qué más queda para sorprender? No debe ser mucho, si es algo. En todo caso, suficiente, como para que en lenguaje cheli, posmoderno, descriptivo, preciso, se hable de “Choros sin escrúpulos”, cuya etimología no deja dudas, siendo como es una neutralizada, caracterizada y generalizada denominación de origen, ganada y certificada a pulso, incluso ratificada por la reincidencia acreditada a costa de sucesivas y prolongadas reiteraciones de conductas desviadas de las aceptables.

No hay mucho que esperar de estos gobiernos que desde un refinado y burdo (simultáneamente, por esquizofrénico que pueda parecer) cinismo, prometen, para hacer lo contrario sin explicaciones complementarias. Nos enfrentamos con la triste realidad de que nuestra existencia y convivencia, funciona y tiene que hacerlo, al margen de nuestros gobernantes. Al parecer, no tomarán ninguna medida que nos favorezca. Confiar en ellos, ya es algo que se ha contrastado, debidamente, que no lleva a ninguna parte. No dejan opción, más que a buscar otras salidas alternativas con las que poder sintonizar todos aquellos inconformes, mareados, indignados y las gentes de buena voluntad, que las hay a raudales y están deseosas de dejar de ver sus vidas maltratadas.

Año nuevo, nueva esperanza, solo que la tiene usted en su despensa, no piense que la va a encontrar o se la van a hacer llegar. Las ilusiones solamente duran lo que los granos de las uvas de la suerte. ¡Qué inteligencia la de aquállos que hace más de cien años idearon una salida para su producto acumulado y depreciado: la uva. Les debió costar, inicialmente, convencer de que algo intangible como la suerte, que, además de no existir, es renuente, fuera el motor de ventas de su producto, la uva. Pero sin gobiernos “protectores” ni falsas expectativas, nos ofrecen, año tras año, unos segundos de gloria: lograr vencer nuestros demonios y pensar en que el control de la situación está a nuestro alcance. Por cierto, ¿alguno de ustedes se concentró en pedir a conciencia (a la uva, claro está), que este gobierno quede aparcado, aunque sea dentro de un par de años y purgue, debidamente, los desmanes cometidos? De ser así, no vaya a olvidarlo hasta que llegue el momento oportuno. Es la vital memoria histórica, la que importa. Y ya que no nos devuelven la colectiva, la individual no hay quien nos la quite. No puedo desearles feliz año, por falta de elementos objetivos, pero si mis mejores deseos, que son los suyos.

Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia