Tras la sesión extraordinaria en el Congreso de los Diputados dedicada al caso Open Arms quedaron claros varios puntos: la falta de fiabilidad de Unidas Podemos, el deplorable nivel de la oratoria de la derecha, más próxima a la de los shows televisivos del corazón, y la mentira como arma letal de la ultraderecha para su acción política.

“¿Sabe que lección hemos aprendido? Que no son ustedes de fiar”, espetó a los de UP el portavoz del PSOE, Rafael Simancas. Hay que recordar que la comparecencia de la vicepresidenta Carmen Calvo se produjo gracias a que Unidas Podemos votó en ese sentido al alimón con PP y Ciudadanos. Los de Pablo Iglesias fueron más lejos, jugando al chiste patético de denominar Calvini a la vicepresidenta, al aplicarle el apellido del ministro italiano de Interior, Matteo Salvini.

De nuevo, Simancas reprochó: “Salvini cierra puertos, Calvo los abre. ¿De verdad no tienen que revisar su esquema de amigos y enemigos?” Una pregunta crucial en un momento en que la izquierda se juega no ya su continuidad en el Gobierno, sino su capacidad para actuar como muro de contención frente al avance de la derecha y de sus peores extremos.

Una derecha que dejó clara la pobreza de su argumentación parlamentaria basada en la técnica del acusa que algo queda, y del tono agrio. Ni más ni menos que en las peleas más insulsas de la televisión. Si la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, se aferró a la falta de interés del Gobierno por la legalidad, la del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, de modo que sacó otra vez los pies del tiesto comparando a Sánchez con Salvini.

En ese despropósito parlamentario en que la pobreza intelectual reinó a sus anchas, Santiago Abascal, presidente de Vox, dio un paso más allá con una ristra de mentiras que quedaron registradas en el Diario de Sesiones, algo que será muy útil a los expertos en deshacer entuertos.

El líder de la extrema derecha soltó muchas falsedades, como la avalancha inmigratoria que padece Europa (las cifras de llegadas han bajado considerablemente) o los costes, ayudas y subvenciones que, dijo, reciben los migrantes. Abascal reprodujo los bulos que corren por las redes sociales -a los que acaso su partido no es ajeno- y que han sido desmontados continuamente con cifras y estadísticas oficiales, como el de la relación entre inmigración y terrorismo, o la de las mafias y los barcos de rescate. Engaño sobre engaño.

Ese anticipo de lo que nos depara el curso político resulta deprimente. El hemiciclo continúa su deriva hacia unas sesiones parlamentarias que se anuncian plenas de recriminaciones, de escasas aportaciones políticas de altura, con el embuste como telón de fondo, y un punto cada vez más claro de chabacanería. Y hoy por hoy, con la amenaza evidente de que, tras otras elecciones esos personajes puedan ocupar el banco azul. ¡Dios nos coja confesados!